ciclismo

Ha muerto un ciclista italiano en la tierrina, a punto de ascender a la Manzaneda, durante la subida al Naranco de este año. Un hecho trágico que demuestra que el ciclismo es uno de los deportes más duros y exigentes que se pueden practicar.

A mí siempre me ha gustado este deporte, mucho antes de que hiciese aparición el extraterrestre de Miguel Indurain y seguirá mucho despúes de él y de Amstrong, otra bestia parda de los pedales. Supongo que mi devoción se debe al hecho de que fue uno de los primeros deportes que pude practicar y en el que conseguía exprimirme al máximo haciendo rutas largas y relativamente duras. De aquellos días de esplendor recuerdo un umbral del dolor (el punto en donde ya no soportas las piernas, los pulmones, los brazos y te tienes que bajar de la bici) increiblemente alto, las tardes recorriendo en Monte Areo, los montes de Deva y el pico San Martín y las vueltas rápidas en Las Mestas.

Este deporte no es de los más cómodos y, por mucho equipo que uno lleve detrás, las pedaladas las da uno mismo y no puede recibir ayuda. En ciertas “clásicas” y ciertas pruebas, la organización se encarga de cuajar de picos, puertos y montes el recorrido para darle vistosidad y lo que consiguen, en conjunción con los propios ciclistas, son etapas duras y rápidas. Como leí esta mañana en el As, sólo espero que esta muerte haya sido debida a causas naturales. Lo contrario no beneficiaría en nada al ciclismo.

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