derecho a equivocarme

Es una historia que se repite cada cierto tiempo, con las mismas acciones y palabras aunque con diferentes caras y, personalmente, pienso que es a partir de cierta edad, los dieciocho más o menos, cuando familiares y amigos intentan adoctrinarle a uno, enseñarle el buen camino que no es ni más ni menos que el del matrimonio, los hijos y las hipotecas, por la gracia de Dios.

Esta semana les tocó a un par de compañeros de trabajo, él padre desde hace menos de un año y ella futura mamá en seis meses y todo por querer darle mi enhorabuena. La aceptó de buen grado y, levantando la vista en un movimiento digno de una película en blanco y negro soltó la frasecita:

— Y tú… ¿para cuando?

— ¿Para cuando qué?

— ¡Ay, cómo eres! ¿Para cuando un niño?

Sé que no debería ser así, que puedo ser mucho más educado (si quiero) y que probablemente no debería haber respondido eso pero no tenía el día. Así que afilé mi más gélida mirada, saqué la voz ronca y seca y…

— No me apetece repetir errores ajenos.

En el fondo no es que no haya pensado acerca de ello, simplemente me desagrada (y cuánto) que otra persona me marque los tiempos y la manera de actuar en ciertas parcelas que yo detento como mías, propias e intransferibles. Básicamente, exijo mi derecho a equivocarme en el momento y la forma que yo elija, sin presiones ni condicionantes.

equivocaciones, derechos

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