fisioterapia

Esta mañana he estado paseando por el fisioterapeuta de la mutua para la revisión de los 50.000 kilómetros. Después de las típicas presentaciones, el tipo, Miguel, se lavo las manos y me puso una toallita de papel sobre el tobillo, para empezar con los estiramientos y los golpes secos que intentan devolver a un tendón, el astrágalo, a su posición natural. Viendo el esfuerzo del físio y la energía que le estaba poniendo al tobillo le advertí que, si algo soy, es cobarde con el dolor y apelé a su buen hacer. Fue como escupir contra el viento. Mientras me repetía las consignas de siempre, me preguntaba por mi trabajo, mi procedencia, etcétera, seguía dándole tirones secos al tobillo, inasequible al desaliento.

Tras media hora de lucha, yo seguía sin abandonar al tobillo a su suerte, el astrágalo estaba más o menos igual y el tipo estaba maldiciendo entre dientes. Mañana el segundo asalto.

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