hasta los cojones

Creo que el título se suficientemente auto-explicativo y no merece más rodeos, únicamente razones que lo refrenden. ¿El por qué? Es simple, hace seis meses que eme y yo empezamos a buscar un piso y aquí seguimos, atrapados por la burocracia y la incertidumbre más oscura que puedo recordar.

Al principio, durante la búsqueda, lo tomábamos con coña e incluso nos divertíamos porque ciertamente algunos de los pisos que nos mostraron una auténtica odisea: gentes que no están y hay que esperar una hora, niños con complejo de Picasso y padres que lo venden como si fuesen Monet, artistas del gotelé y las escayolas, lúgubres túneles del terror en un cuarto piso, etc…

Un día encuentras uno que, aunque no se parece a lo que inicialmente querías, se ajusta al precio y, lógicamente, el resto empieza dar lo mismo. Todo sea por no seguir buscando, llamando a inmobiliarias y anuncios de periódicos, gastando gasolina mientras paseas a los comerciales hasta los garitos más inmundos que uno pueda imaginar. Encuentras tu nidito de amor y te dices que estupendo, que de ahí en adelante todo es más fácil, que sólo hay que tratar con la banca y que eme tiene los nudillos calvos de tanto repartir en su terreno, etc…

De acuerdo, nos confiamos y nos creimos invencibles. No contamos con el pequeño detalle de que se trata de una VPO, del derecho al tanteo y retracto que ejercen por aquí, de su absurda velocidad y de las reticencias de los bancos a hipotecar viviendas de este tipo, poniendo todo tipo de trabas, pegas y excusas. En una ocasión, el avezado director de una caja nos preguntó, completamente en serio, si realmente nos gustaba la vivienda y si no nos habíamos planteado cambiar, porque aún estábamos a tiempo.

Pero no pasa nada, somos fuertes, tenaces y cabezones, así que, finalmente, encontramos una hipoteca más o menos adecuada (nota mental: las hipotecas nunca son adecuadas ni justas) y nos tiramos de cabeza. ¡Qué coño, pensamos, es nuestro pisito! Bien merece un doble mortal cruzado con looping anterior izquierdo… La piscina estaba vacía. Se ve que como hay sequía…

Y en el banco, la última, la gota que colma el vaso de la paciencia y hace que te veas como portada indiscutible de El Caso: “Mata por papeles”. El último trámite, el más rápido, lleva una semana y pico de restraso y es el último papel, el último escollo justo antes de firmar la hipoteca.

Sé que suena raro, quizá hasta esté provocado por la mala leche, las ganas de terminar con todo esto, el cansancio o el calor de estos días pero, yo sólo aspiro a tener una hipoteca, con sus cuotas mensuales, su letra pequeña y su EURIBOR al alza.

Y es que ya estoy hasta los cojones.

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