máscaras

A través de la ventana cerrada veo pasar volando finos hilos de araña, hojas, polvo y, sobre todo, pólen de gramíneas, minúsculos granos que hace que algunas personas vayan por la calle con máscaras, como si la ciudad entera se hubiese convertido en un inmenso hospital. A mí, el caracter se me agria cuando sé que, de aquí en adelante y durante cinco meses, sólo sentiré calor y eso que eufemísticamente se llama buen tiempo aunque, por fortuna, las gramíneas me respetan.

Es curioro ver a un par de personajes, enmascarados, charlando en la esquina de una calle y descubrir al pasar que comentan medicamentos, los que mejor les sientan a cada uno, para combatir a las alergias. Sonrio y me imagino que palabras como automedicación no cuentan cuando apenas puedes respirar y que, mocoso, lloroso y jodido en general, uno se aferra a cuantos clavos ardiendo encuentre por la calle que, ni son pocos, ni se espera que dejen de arder hasta octubre.

alergia, verano, gramineas

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