problemas administrativos

Llevo desde setiembre preparando álgebra con mayor o menor constancia (vale, menor ¿y qué?) y hasta esta mañana no he sabido si podría examinarme. ¿Y por qué? Sencillo, muy sencillo. Porque cometí la tremenda osadía de darme de baja de unas asignaturas que no iba a preparar y de las que me había matriculado para sacarme unas becas. La vida es dura y si me pagan la matrícula y el equivalente en euros a tres lápices y una goma milán, firmo los créditos que hagan falta.

Mi error fue ese, enviar una carta solicitando al Excelentísimo Señor Rector de la UNED (querría yo saber qué le importan mis asignaturas), que me diese de baja de tres materias, análisis matemático, física y electrónica. Simple y sencillo. Pues bien, debió ser que análisis rima con álgebra, que era un lunes a eso de las diez y el funcionario de turno ya estaba pensando en el café de las diez y media, aunque acababa de volver del de las nueve y cuarto, que Júpiter estaba en conjunción con Plutón, pero no con Marte o que el precio de las andaricas oscilaba con el del crudo Brent, pero alguien, una mano negra, cambió en mi ficha del ordenador Análisis Matemático por ÿlgebra. El resultado es simple: acababan de anular la única asignatura que estoy preparando este año.

Por si no bastase, la carta de pago en donde daban cuenta del cambio (o del error) llegó un día antes de que expirase el plazo de presentación de quejas que este año , para terminar de joder la marrana, era fiesta en Madrid.

Así que esta mañana, sonó la alarma del móvil a las 08:59 y yo empecé a marcar el número que venía en la carta de pago como si fuese por una buena causa, como si enviase arroz a la zona del tsunami o para evitar que echen a patadas a uno que hace gorgoritos en operación triunfo. Y sucedió; a las 09:50 me cogieron el teléfono y un tipo muy agradable me dijo que sí, que era un error administrativo suyo, lo solucionó y me dió indicaciones para asegurarme que todo estaba correcto. Un crack, un fiera, mi héroe. Quince minutos de conversación y el cielo volvía a ser azul, no había nubes en el horizonte y el sol calentaba tibiamente mis huesos ateridos.

Así que, pase lo que pase, le voy a dedicar el partido, el exámen al tipo del teléfono, porque sí, por dar esperanzas y ser eficaz y amable a un tiempo, por templar gaitas con alguien que tenía pensado enviar diez faxes por minuto si nadie le hacía caso. Por hacer su trabajo.

De todas formas, si lo apruebo se lo dedicaré a eme, que ni ella misma sabía que tenía tanta paciencia tratando con niños de dos años, explicando integrales a monos y soportando bufidos y caras largas. En definitiva, por aguantar mis múltiples personalidades. ¡Va por tí! 🙂

uned, examen, álgebra

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