a vista de gusano

ele ha vuelto de su viaje iniciático por las Américas del Sur, de su periplo por Venezuela que ha durado un mes y en la cara traía una mueca que es, mitad y mitad, sonrisa y cansancio. Se fue para cumplir uno de aquellos sueños viejos y ajados de cuando era adolescente en su Valladolid natal, para echar una mano como cooperante de una ONG, que no tiene el mismo renombre que convertirse en misionera, su idea original, pero que casa bastante más con estos tiempos.

Me contaba, todavía aturdida por las horas de avión, la pérdida de la maleta y el cambio de paisaje y paisanaje, que no es tan diferente, que iba esperando encontrarse con grandes cambios y que la transición fue bastante suave, que trabajó con profesores y con niños, ayudando y enseñando un poco de todo y que descubrió que son gente amable, con enormes ganas de vivir, que afrontan la vida con optimismo por muy torcida que venga, porque cuando se pone, la vida se tuerce pero bien. También me habló de familias demasiado numerosas, rotas, con poco dinero y violentas.

Viendo a gente así, entregada y con ideas fuertes, uno cae en una tristeza lacónica y piensa que quizá, para que este sea un mundo mejor, más gente deberíamos mirar alrededor y no sólo a nuestro ombligo, deberíamos hablar más, implicarnos, dejar de ser espectadores, gente que pasaba por allí. Pero, desgraciadamente, sé que soy bastante más egoista de lo que debiera y más vago de lo que dicta la lógica, que nunca me he sentido movido por intereses tan elevados y tan altruistas y que a ciertas personas, como a ele, generosas y buenas en el sentido estricto de la palabra, las tengo que mirar a vista de gusano.

ong, ideales

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