Cosas de Hache

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me pide

No recuerdo exactamente qué estábamos haciendo pero no hiciste algo que te dije que hicieras y, al insistir te enfadaste y me llamaste tonta a gritos. No es extraño, a esta edad, que te pilles rebotes de pronto y sin venir a cuento que duran unos minutos. No es extraño y no pasa nada pero no puedo dejar que me llames tonto o tonta sin más, así que te dije que me pidieras perdón por ello.

Con los niños, contigo, crees tener la situación bajo cierto control y sueñas con que se desarrolle de una forma en que ambos aprendamos y, al final, te das cuenta que no eran más que sueños. Ahí estaba yo, serio y esperando a que me pidieras perdón para seguir haciendo cosas y tu, más serio aún, supongo que evaluando la manera de llevarlo todo a tu terreno. ¡Y qué bien te salió, carajo!

Con tu voz grave, hablando alto y claro nos soltaste un “¿me pide, me peldona?” que me hizo aguantar el gesto hasta decirte que si, que te perdonaba pero que no debías llamar tonta a nadie, darte un beso y ver como ibas a jugar. Después, A y yo nos empezamos a reír a carcajadas durante un buen rato mientras nos mirabas extrañado. Estoy completamente seguro que pensabas que nos falta una garcillada para el kilo.

No tendremos quince días en agosto juntos Tu…

            No tendremos quince días en agosto juntos. Tu madre la volvió a liar y con un argumento de mierda además de falso, decidió que no estaríamos juntos la segunda quincena de agosto.

Y, de paso, decidió sobre nuestro viaje a Gijón juntos, decidió por tus bisabuelas que llevan más de dos años sin verte, decidió sobre si ibas a la playa con tu primo Néstor y tus güelos o no, o sobre si conocerías un poco más la ciudad y también tomó partida sobre lo que íbamos a hacer en la semana que pasaríamos después en Sevilla. Ella, la última persona que debería siquiera hablar sobre nuestras vacaciones, tomó todas las decisiones y nos jodió nuestro (poco) tiempo negándonos nuestro derecho a estar juntos.

Como era de esperar, los días en Gijón no fueron como los planeamos a pesar de que hicimos muchas cosas porque nos negamos a tener que estar tristes. Todos te echamos de menos, nadie entendió lo que había hecho tu madre más allá de causar todo el dolor posible y prometimos volver los tres en cuanto se pueda. Y cumpliremos esa promesa.

No olvides que te quiero, que te queremos y te echamos de menos.

Para poder traerte a Sevilla los fines de…

            Para poder traerte a Sevilla los fines de semana que pasamos juntos en vez de estar vagando por Mérida como nómadas, haciendo más ricos a AirBnb, hizo falta cambiar una letra en un documento oficial que parece que está hecho de piedra. Una ele pasó a ser una ene, un julio se convirtió en junio. Y así, corrigiendo un error tipográfico que saltaba a la vista con una lectura ligera de la sentencia, este fin de semana pasado pudimos traerte a Sevilla por primera vez.

No te voy a negar que estábamos nerviosos, sobre todo yo. Nos pasamos un mes y pico pensando sobre muchas cosas para que no sintieses este último gran cambio como lo que era, un punto de inflexión.

Pensamos en lo que te gustaría tener en tu habitación, además de los juguetes que nos han acompañado este año y medio por demasiadas habitaciones de Mérida que no eran la tuya. Tasia pensó que te gustaría tener un suelo blandito donde jugar que además tuviera las letras y así pudimos escribir tu nombre. Yo recordé lo divertido que es pintar las paredes y por eso hay una pared con papel negro donde pintar con tizas. Nos fuimos a ikea a por un par de cosas para la habitación y volvimos sin esas cosas y con diez o doce más. Nos volvimos un poco locos de la emoción.

Al final, después de pintar las paredes, adornarlas con la pizarra, montar la cama y la mesita de noche, llenar el armario con tu ropa, formar palabras en el suelo, situar todos tus juguetes (incluso los que no podíamos arrastras por Mérida fin de semana tras fin de semana), poner tus libros y cuentos por todas partes, dejar el pompero bien a la vista y cambiar los juguetes de sitio otra vez, al final, nos dimos por satisfechos. Aún quedan muchas cosas por hacer pero queríamos hacerlas contigo porque es tu habitación y tienes mucho que decir.

También pensamos en qué podíamos hacer juntos porque dos días parecen poco tiempo pero queríamos (y queremos) hacer muchas cosas, tantas como sea posible. Buscamos actividades para hacer juntos, paseos por Sevilla huyendo del calor, juegos de interior por si el sol no afloja, paseos hasta la playa e, incluso, tenemos un listado de sitios donde podemos ir.

Y luego estaba Áramo. Sabemos que no eres alérgico a los perros pero no sabíamos si tampoco lo eras a los gatos y esa posibilidad nos consumía. Ya has visto fotos de Áramo de pequeño, lo adoptamos cuando tenía menos de un mes de vida y desde ese día es uno más en esta familia que nos hemos construído. Pensar que podías ser alérgico y que tendríamos que darlo en adopción nos partía por la mitad. Yo estuve cruzando los dedos hasta que pasasteis un rato juntos y vi que no tenías reacciones ni sarpullidos ni ningún otro síntoma de alergia. Y luego, como si quisieraís celebrarlo os pusisteis a examinaros el uno al otro, entre juegos y carreras. De hecho, creo que ya habéis formando una pequeña banda de cachorros que nos va a volver locos.

Una hora después de llegar a Sevilla la mayoría de nuestras dudas se habían disipado mientras tu estabas jugando en tu habitación o corriendo junto al gato, riendo escandalosamente mientras nosotros pensábamos en el baño, la cena y, sobre todo, la noche. Tienes casi tres años y, creemos, a esta edad tendrías que hacer muchas cosas por ti mismo, cosas que no haces y que te están lastrando en tu crecimiento y dormir solo es una de ellas.

Después del baño con todos los juguetes sumergibles que hay en el piso y una cena rica, quisiste ver a Rayo McQueen en el proyector y te quedaste tranquilo, con tus coches favoritos, en el sofá. No pasaron más de veinte minutos cuando empezaste a dar señales de sueño, buscabas acurrucarte contra nosotros y dejabas de repetir los diálogos de la película, así que llegó el momento de ir a dormir, solo.

De camino a la habitación te fui contando lo que íbamos a hacer: ibas a dormir tu solito en la cama y yo me quedaría hasta que estuvieses dormido. Si te despertabas por la noche sólo tenías que llamarnos e iríamos, tenías tu botella de agua sobre la mesita y también dejamos la lámpara encendida. Son habitaciones adyancentes así que no tardaríamos en darnos cuenta que estabas despierto, pensé. Me tumbé contigo mientras te quedabas dormido, apenas cinco o diez minutos y me quedé dormido. Demasiadas emociones en un día para todos. Esa noche te despertaste tres veces y te volviste a dormir sin abrir los ojos tras beber un poco de agua.

Por la mañana te despertaste contento y con hambre como si la noche no la hubieras pasado en una cama nueva, durmiendo tu solo y en piso de papá y Tasia, esta vez sí.

Hay algo que debes saber todo absolutamente todo…

            Hay algo que debes saber: todo, absolutamente todo el conocimiento humano está en Los Simpsons. Otro día te cuento qué son Los Simpsons, hoy se hace tarde.

Ayer, sábado, me acordaba de ese episodio donde Homer le enseña a Bart cómo afeitarse mientras yo me afeitaba y recortaba la perilla. Y lo hice porque, nada más empezar, dejé de escucharte hacer ruido y la puerta del baño se abrío lentamente y te vi asomar la cabeza, curioso. Como hasta ahora no dormíamos juntos no me habías visto afeitarme al día siguiente y todo te parecía raro y nuevo.

Mientras te contaba qué estaba haciendo y porqué, me acordé de algo que hizo mi padre conmigo y lo repetí contigo: te puse un poco de espuma de afeitar en la punta de nariz y te levanté hasta que pudiste verte en el espejo. Las risas me confirmaron que todo se repite, una y otra vez.

Yo seguí con la tarea y tú, mientras tanto, tocabas la espuma, la olías y jugabas con ella y, claro, se secó y casi despareció. Con tus medias palabras y medias frases me dijiste que querías más espuma y nada, no importó que hubiese terminado y que todos los bártulos estuviesen recogidos, te eché un poco más en la punta de la nariz y, por supuesto, me eché a mi también porque las cosas se hacen bien.

Ese fin de semana ha sido especial por…

            Ese fin de semana ha sido especial por un baño y una noche.

Tras un año entero sin poder hacerlo, este sábado te di el baño habitual, el que tomas antes de cenar y de dormir. Aunque estoy un poco oxidado (por motivos obvios), estuvo muy bien y te lo pasaste genial jugando con el agua. Para los próximos baños ya he tomado nota y voy a hacerlos más divertidos aún.

La noche también fue fantástica y te dormiste incluso más rápido de lo que esperaba para tantos cambios. Solo te despertaste una vez, sobre las tres y media de la noche y en cuanto me viste te volviste a dormir sin más. Me gustó especialmente que te pasases toda la noche buscándome y que el tacto de mi barba te calmase. “Cuatro pelos en la barba. Sí, es papá”, parecía que decías ?.

Espero que sean las primeras de muchas.

Besos.

Hay algo que has heredado por el mero…

            Hay algo que has heredado por el mero hecho de pertenecer a la estirpe de los Martínez, además de un futuro con halopecia y, probablemente, asma y es un sueño profundo a toda costa. El sábado te enfadaste cuando te desperté de la siesta a pesar de que me llevó casi diez minutos conseguir que abrieses los ojos, con besos, achuchones y mimos contínuos. El domingo, al repetir la operación y como ya nos conocíamos, me miraste con un ojo medio abierto, te volviste hasta quedar boca abajo y metiste la cabeza bajo la almohada intentando huir de la luz. Pero ni eso te libró de salir del sueño :-D.

Este fin de semana también caí en el detalle de que sabes los nombres de varios parientes de tu familia materna y, sin embargo, no sabías como me llamo. Ahora ya lo sabes, pronuncias algo así como de-do pero me vale y me encanta escucharte decirlo. Otra cosa más a añadir a la lista de generadores-de-babas-paternas. ¡Y van mil!