deporte de élite

Algunos todavía dicen que estamos en primavera pero ya hace más de quince días que aquí no lo parece. Cuando se superan la treintena larga de grados cualquier moviento es deporte de élite, un esfuerzo demasido grande que no compensa. Los cristales arden, es asfalto cuece las ruedas de la moto y el casco parece un secador de peluquería de señoras y, con todo, hemos ido a jugar al fúmbol como todos los martes (fútbol es un deporte y eso que hacemos nosotros no encaja en tal categoría).

La ignorancia es atrevida hasta límites insospechados y allí estábamos, a treinta y pico grados, corriendo tras un balón, contando con un representante de la raza superior, un negro de color negro que, como nosotros, sólo duro una hora y poco corriendo. Cuando ya no podía más, cuando empezaba a sentirme mal, me retiré al banco donde estaba el agua y, lo que hace la solidaridad, no me dió tiempo a decir que siguieran sin mí, ya estaban todos parados.

En verano me parece que jugaremos a las tres de la mañana.

fúmbol, calor, deporte

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