el legado de badajoz

Cuando somos pequeños y estamos en pleno proceso de aprendizaje, esa etapa tan bonita en que uno se convierte en una esponja con un inmeso par de ojos sorprendidos, nuestros padres nos enseñan los valores que más tarde nos guiarán en la vida, valores como bien, mal, bueno y malo y, aunque lo hacen lo mejor que pueden y saben, en ocasiones no es suficiente. Cuando nos vamos haciendo mayores descubrimos, con gran dolor, que las cosas no son simplemente buenas o malas y que, en el trayecto que va del cero absoluto –malo– al uno completo –bueno–, caben una infinidad de pequeños números, de matices y de colores que debemos aprender con todas sus nuevas características.

Nuestras madres, sabias ellas, siempre nos han dicho que un alimento puede tener dos estados: bueno o malo, ambos excluyentes entre sí, pero nosotros descubrimos durante el verano de 2003, a través del método de ensayo y error con nuestro propios cuerpos, dos estados más que complementan esta definición y que paso a explicar aquí, de mejor a peor nivel de conservación del alimento.

  • Bueno: vale la definición de alimento en buen estado de cualquier madre.
  • Pakeno: Dícese del alimento que debe ser ingerido en un plazo breve de tiempo Pakeno caduque.
  • Yakadu: Dícese del alimento que Yakadu-có y no debe ser ingerido, salvo si se adereza con la suficiente cantidad de mayonesa Musa.
  • Malo: vale la definición de alimento en mal estado de cualquier madre.

¿Y por qué todo este coñazo? Porque jota olvidó parte del legado que aprendimos durante aquellos intensos días en el campo del estado de los alimentos, entre otros. Olvidó, decía, la segunda parte de la definición de los alimentos yakadu, se arriesgó con algo que vegetaba en el fondo de su nevera de color y olor inciertos y, obviamente, pagó el precio de su insolencia.

yakadu, pakeno

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