encuestas

Al parecer, los asturianos son, tras los gallegos, los que menos satifechos se encuentran con su trabajo y eso que en el artículo se especifica que la caida ha sido en picado con respecto al año anterior (del 7,20 al 6,60 de nota media). Lo más probable es que en las muestras de este año (la gente a la que preguntan) estuviesen un poco más hartos de no ver salida al tunel, de seguir rodeados de oscuridad mientras todo el mundo grita que tiene que haber una luz por alguna parte, donde sea.

En poco más de quince días comenzará mi tercer año de andanzas y aventuras por las tierras de Extremadura y aunque me jode, tengo que admitir que me vine aquí a trabajar y es lo que hago. La situación en la tierrina se había vuelto, en cierta manera, insostenible, en parte porque tenía ánsias de mejorar, de evolucionar y crecer como profesional, en parte porque no había una empresa lo suficientemente grande como para poder con todas mis ganas e ideas. La empresa en la que trabajaba (sólo fue una, aunque fueron varios proyectos) no me ofrecía ningún incentivo ni aliciente, no encontraba futuro más allá de un par de semanas y me había jurado y perjurado que el día que no aprendiese nada, me iría (cabezón, idealista y un poco gilipollas, lo sé). Lo peor es que fuera de esa empresa no había nada digno ni decente para alguien que pretendía (quizá con demasiadas ínfulas) ganarse la vida como administrador de sistemas, de redes y/o informático especializado. Los puestos que había eran de becario o practicante (versiones modernas de la esclavitud a tiempo parcial) o de genio de lámpara bueno, bonito y muy, muy, muy barato. Y al final, algo se activo en mi cerebro y empecé a ver cosas.

  • La gran mayoría de las empresas en Asturias son micro-pymes y, como tales, están especializadas en hacer una cosa, la que sea, pero una.
  • No necesitan un informático, el ordenador es “eso” que hace las facturas o permite diseñar planos. Ocasionalmente le quitan el polvo.
  • Internet no es un modelo de negocio. Internet es “eso” que tiene el niño en el ordenador y que, de vez en cuando, le da películas para ver en el DVD.
  • Las páginas web no son tangibles y, por tanto, no dan de comer.
  • Las ideas que no se ven o no se palpa, simplemente, no existen.
  • Al final no había más salida que emigrar, irse con viento fresco en pos de nuevas y mejores emociones, aunque fuese a 700 kilómetros de la familia, de los amigos y todo aquello que le daba sentido a la vida. Mala suerte, perra vida.

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