lo gordo

Llevamos día y medio de limpieza, en el nuevo piso. Se suponía que era fácil, pan comido dijimos, hacía tiempo que estaba vacío, un mes más o menos, pero no tenía amontonada la porquería. Entrar, limpiar y salir, sin problemas, un día más o menos y luego… ¡a disfrutar!

¡Cuán ingenuos éramos! El pueblo de los inuik distinguen entre veinte tipos de nieve y yo, ahora mismo, soy capaz de usar diez palabras diferentes para hablar de la mierda. He visto cosas que jamás creería, he rascado porquería de lugares que sabía inaccesibles y he perdido parte de las huellas dactilares gracias a los productos químicos. Lo gordo, lo peor, ya ha pasado y no volverá.

Pero también he sentido la íntima satisfacción de saber que todo ese esfuerzo, todo el sudor y la visión alentadora de la mugre, servirán para que en unos días (ya no hago vaticinios, salen caros) estemos más cerca de convertir una cochiquera en un lugar habitable y limpio, vacío, pero limpio. Será entonces cuando habrá que llenar todo ese espacio vacío, pero eso será otra guerra. Los problemas, como dice jota, de uno en uno.

limpieza, vivienda, higiene

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