ojos

Simplemente se alimentó a través de los ojos. Miraba a todos lados, tratando de no perder detalle, de verlo todo, de capturar hasta el más nímio de los detalles para luego ponerlos a buen recaudo, almacenarlos en alguna parte escondida y recóndita del cerebro. Creo que tardará en olvidar los colores, los olores y la luz que, cosa rara, iluminaba un radiante y transparente Gijón. Y yo tardaré, eso seguro, en olvidar ese brillo casi desconocido en su mirada, la inquietud por conocer, las ganas de avanzar, de ir a la siguiente esquina, de atrapar con un vistazo el tiempo.

¡volveremos!

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