queso

Todavía no se habían ido los ecos de las tres mujeres asesinadas ayer cuando salí a tomar un café a mediodía. A dos pasos del bar de siempre (por escasez, no por gusto) se oía una voz de hombre gritar desde un tercer o un cuarto piso, loco, celoso o simplemente imbécil, no lo sé, pero desencajado y violento. Repetía, una y otra vez,

¡Queso! ¡Te he pedido un poco de queso! ¿No lo entiendes? ¡Queso!

Estuve observando un rato, mirando y tratando de saber de dónde provenían los gritos hasta que, tan violentamente como habían aparecido, desaparecieron. Ni ruido de golpes, ni más gritos, ni nada, pero no me fuí tranquilo, tenía un poso de amargura y un titular anclado en la memoria Muere en Alicante una mujer a manos de su novio, tercera fallecida por violencia doméstica en un día.

¿Será la educación? ¿Será la pasión? ¿O será que somos unos cabrones, machistas, celosos, reprimidos y cobardes?

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