fernando fernan-gomez

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Fernando Fernán-Gómez

Descubrir a Fernando Fernán-Gómez mientras interpretaba a un cómico famélico, que estrujaba su boina entre las manos y solicitaba trabajo a los señoritos del cine, fue poco menos que revelador. De ahí vinieron el resto de películas, algunas como bien es sabido, malas y qué solo le aportaban dinero con que seguir viviendo. También llegaron a mis manos los libros, novelas y ensayos principalmente y algún guión.

Doscientas películas son muchas para recordarlas todas (máxime si no has visto más de una veintena, entre conocidas y pasables) pero, casi sin esfuerzo, vienen a mi mente escenas completas de El viaje a ninguna parte, que aún tengo en VHS y de Para que no me olvides. La historia del cómico que se niega a cambiar con los tiempos, a adaptarse para poder vivir con el cine y no contra él me sigue conmoviendo años después y la del abuelo que le escribe a su nieto cómo ha llegado a ser lo que es, despierta en mí tal desazón que me resulta complicado deshacer el nudo de la garganta. Pero no todo está perdido, aún tengo en la estantería una última bala, el DVD de La lengua de las mariposas que, como el buen vino, está esperando el momento perfecto para ser descorchardo.

Probablemente, viendo el panorama actual, la mitad de la gente le recordará por alguno de sus papeles, películas o escritos, por el mucho trabajo que realizó y otros, los más frívolos sólo le recordarán por aquel “¡a la mierda!” que hizo historia. Al final, se interpretó a sí mismo en el papel que mejor le sentaba, el de abuelo cascarrabias.

El cine se queda huérfano.

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