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briconsejo: cómo cambiar el disco duro del portátil

Desde muy pequeño me ha gustado desmontar cualquier cosa que cayese en mis manos e investigar qué tenía dentro y porqué funcionaba. Desde bolígrafos más o menos caros a videos de todas las formas y colores, pasando por bicicletas y, sobre todo, ordenadores. Tras pasar seis meses por el Servicio de Reparaciones y Adquisiciones de la Facultad de Marina (un nombre muy rimbombante para un servicio muy divertido), en la Universidad del Principado, las ánsias por convertir cualquier ordenador en un montón de piezas sucias extendidas sobre la mesa se acrecentó. Cualquier ordenador podía ser víctima de mi destornillador y mis preguntas, excepto aquellos que todavía estaban en garantía y, últimamente, coyote, el portátil. Porque, iluso de mí, pensaba que desmontar un portátil no iba a ser tan sencillo como desmontar la clásica torre (me niego a llamarlo CPU).

Los ordenadores portátiles han dado un vuelco en las ventas de equipos y han pasado de ser un objeto para ejecutivos a convertirse en el ordenador de cualquier estudiantes. El bajo coste y, sobre todo, la portabilidad y las redes inhalámbricas han dejado a los ordenadores de sobremesa en apuros. Pero, aunque no lo parezca, ambos tipos de cacharros se parecen mucho, demasiado y pese a mis temores iniciales, una vez que se ha quitado la tapa, el resto entra dentro de lo esperado, lo común al resto de equipos: placa base, memoria, CPU (aquí sí), condensadores, puertos, fuente de alimentación, disco duro, etc…

La noche que volví victorioso de Sevilla observé cómo el disco duro del equipo comenzaba a dar fallos, así que al día siguiente compré uno con la idea de sustituirlo y clonar el equipo. ÿsta es la explicación de cómo llevar a cabo el proceso. Nota: no me hago cargo de nada. A mí me fue bien pero eso no significa que a otros les suceda lo mismo. Si lo rompes, le lloras al maestro armero.

En éste tipo de ordenadores, todo está más condensado y ordenado que en un equipo convencional y, al meter los componentes a presión, es posible romper algo al tratar de abrir el portátil. Para evitar que se ande abriendo inútilmente el ordenador, los fabricantes ponen a mano las piezas más susceptibles de ser sustituidas. En mi caso, coyote es un Toshiba Satellite S2450-S203 de más de cuatro años y casi cuatro kilos de peso. Todo un peso pesado.


En éste equipo, la memoria RAM está bajo el teclado (se accede a ella retirando el embellecedor de plástico que hay en la parte superior del teclado) y el disco duro está en la parte inferior, bajo una tapa rectangular situada a la izquierda.

En la foto, el portátil está al revés, por lo que la tapa queda situada en la esquina superior derecha. Es muy importante leer la documentación del equipo y hallar la localización exacta del disco duro, para no pasarse un par de horas buceando entre tornillos y componentes delicados y, sobre todo, para evitar romper algo.

Tras levantar la tapa, el disco duro. En mi caso, el disco duro viejo es de la marca Toshiba, es IDE y su capacidad es de 40 GBytes.

A la hora de extraerlo, es muy importante fijarse en la colocación del mismo y en cómo están situados los pines en la conexión. Llevado por la euforia del momento, tuve que revisar las fotos para saber cómo debía situar correctamente el nuevo disco. Gracias a la falta de espacio, la colocación de estos dispostivos no es tan obvia como un disco duro de un equipo de sobremesa. ¡Ah! y ni rastro de la serigrafía.

El nuevo disco, de Western Digital, tiene una capacidad de 120 GBytes y, ¡oh sorpresa!, apenas hace ruido.

Tras colocarlo en la misma estructura métalica que su predecesor y comprobar por enésima vez la conexión al bus, lo ajusto dentro del ordenador y cierro la tapa. El último paso será comprobar que la BIOS reconoce el nuevo dispositivo y reinstalar el sistema o, mejor todavía, clonarlo.