Archivos diarios: 13 marzo, 2006

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la noche del oráculo

Hacía tiempo que no escribía nada acerca de un libro y, ¡que demonios!, este es tan buen momento como cualquier otro.

Por fin he terminado La noche del oráculo, de Paul Auster. Había leido entrevistas y referencias a este escritor, huidizo y esquivo, que basa la mayor parte de sus escritos en la suerte y el azar y había sentido una gran curiosidad de saber cómo se hace, cómo se articula una novela tras otra, teniendo como hilo conductor el mismo patrón. Y no me hará falta leer mucho más de Auster porque en esta novela hace precisamente eso, fija un elemento principal, en este caso la suerte, la casualidad y el destino que llevan a alguien a no morir en un accidente por escasos centímetros y el cambio brutal que sufre a causa de ello. Es, básicamente, una novela que habla de un novelista que escribe una novela que tiene como hilo conductor otra novela y, por muy estrafalario que parezca, el libro se sigue con relativa soltura y el final, como todo el libro, no resulta excesivamente obvio. Y digo esto porque el libro no está dividido en capítulos ni tiene signo alguno de separación entre actos o ideas, simplemente es un texto que fluye, contado probablemente por Sydney Orr, el protagonista, una década después de que sucediesen los hechos. También cuenta con notas al pie, profusas y detalladas, explicando y ampliando ciertas frases, añadiendo historia a los personajes y desvelando tramas previas en el tiempo, que dan una idea de punto y aparte, de hipervínculo al que acudir para completar el perfil de los personajes o las situaciones que aparecen.

Aún y así, me ha gustado la novela, me ha parecido interesante y bien llevada, aunque creo que leeré más del autor para asegurarme :). También debo decir que he leido más opiniones negativas que positivas por ahí.

la noche del oráculo - paul auster

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hipotecas, sueños, terrazo

Viernes pasado, 19:35, interior.

eme era un manojo de nervios, se atascaba al hablar, le sudaban las manos, no podía dejar de moverse por la habitación y tenía dolor de cabeza. Yo no es que estuviera mucho mejor pero, por lo menos, mantenía cierta calma (pachorra, díria alguno). Hacía un rato que habíamos llegado de ver el último piso con opciones de compra, un tercero apañao, soleado y coqueto que, aunque no contaba con todos los puntos de nuestra lista de requerimientos, si tenía la mayoría de la lista de básicos. Cuando uno lleva más de un mes en estas lides y conoce la derrota de no llegar a tiempo a la señal, sabe que el tiempo galopa en tu contra y que debes renunciar a la bañera con hidromasaje que, de cualquier otro modo, se te antojaría necesaria.

— Entonces, ¿lo compramos?

— Yo creo que sí, sólo le falta el aire acondicionado y el suelo de tarima y estoy dispuesto a sudar todo el verano y a dormir sobre el terrazo, si es necesario.

— ¡Buff! Es mucha pasta…

— Y será más sino nos damos prisa. Un millón al mes, exactamente. Además, el miércoles abrieron el Mercadona al lado y el jueves ya hubo subida de precios. Es ahora o nunca.

— Vale, ahora.

— ¡Voy a llamar al de la inmobiliaria! ¡Este no se nos escapa!

Así que llevamos todo el fin de semana haciendo números, sumas, restas y todo tipo de operaciones matemáticas que explican, friamente, que voy a revivir el verano del 2003 durmiendo sobre el terrazo.

Además, esta mañana me he tirado dos horas y pico sentado entre una pareja de divorciados que vendían un piso (nótese el tiempo pasado), viendo cómo un tipo redactaba un contrato para la entrega de la señal, en Mérida a tantos de tantos de dos mil tantos. Y, por si no fuera poco y para completar el cuadro, hoy en El Pais han puesto esta viñeta:

hipotecas

Así que nada, que lo sepais, eme y yo ya estamos en camino de ser propietarios de algo hecho de ladrillos y cemento, un rincón coquetón y curioso que tendrá una habitación pa los colegas por si tienen huevos para venir de visita en agosto. Ya somos como la mayor parte de los españolitos de a pie, bajos, cejijuntos y con hipoteca al hombro.

El principio del fin…

piso, vivienda, hipotecas