hipotecas, sueños, terrazo

Viernes pasado, 19:35, interior.

eme era un manojo de nervios, se atascaba al hablar, le sudaban las manos, no podía dejar de moverse por la habitación y tenía dolor de cabeza. Yo no es que estuviera mucho mejor pero, por lo menos, mantenía cierta calma (pachorra, díria alguno). Hacía un rato que habíamos llegado de ver el último piso con opciones de compra, un tercero apañao, soleado y coqueto que, aunque no contaba con todos los puntos de nuestra lista de requerimientos, si tenía la mayoría de la lista de básicos. Cuando uno lleva más de un mes en estas lides y conoce la derrota de no llegar a tiempo a la señal, sabe que el tiempo galopa en tu contra y que debes renunciar a la bañera con hidromasaje que, de cualquier otro modo, se te antojaría necesaria.

— Entonces, ¿lo compramos?

— Yo creo que sí, sólo le falta el aire acondicionado y el suelo de tarima y estoy dispuesto a sudar todo el verano y a dormir sobre el terrazo, si es necesario.

— ¡Buff! Es mucha pasta…

— Y será más sino nos damos prisa. Un millón al mes, exactamente. Además, el miércoles abrieron el Mercadona al lado y el jueves ya hubo subida de precios. Es ahora o nunca.

— Vale, ahora.

— ¡Voy a llamar al de la inmobiliaria! ¡Este no se nos escapa!

Así que llevamos todo el fin de semana haciendo números, sumas, restas y todo tipo de operaciones matemáticas que explican, friamente, que voy a revivir el verano del 2003 durmiendo sobre el terrazo.

Además, esta mañana me he tirado dos horas y pico sentado entre una pareja de divorciados que vendían un piso (nótese el tiempo pasado), viendo cómo un tipo redactaba un contrato para la entrega de la señal, en Mérida a tantos de tantos de dos mil tantos. Y, por si no fuera poco y para completar el cuadro, hoy en El Pais han puesto esta viñeta:

hipotecas

Así que nada, que lo sepais, eme y yo ya estamos en camino de ser propietarios de algo hecho de ladrillos y cemento, un rincón coquetón y curioso que tendrá una habitación pa los colegas por si tienen huevos para venir de visita en agosto. Ya somos como la mayor parte de los españolitos de a pie, bajos, cejijuntos y con hipoteca al hombro.

El principio del fin…

piso, vivienda, hipotecas

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