el malabarista chino

El malabarista chino iba corriendo de un lado para otro, intentando mover un poco, lo suficiente, cada palo para que continuase girando el plato. Puede parecer fácil, pero conlleva un enorme esfuerzo el ir corriendo de allá para acá, calculando cual será el próximo en estar al borde, al límite de la sustentación, agitar leve pero vigorasamente la vara que tienes delante y sobre la que ya empieza a contonearse peligrosamente el plato y, sin pensar, practicamente sin saber porqué, ir hacia el siguiente. Y volver a empezar.

Sólo él sabe cuanto dura el número, cuanto tiempo es capaz de mantener en vilo la docena de platos blancos y, justo un instante antes de que se estrellen contra el suelo, los recoge.

No sé porqué se me ha venido a la cabeza la imagen de un malabarista chino corriendo tras los platos en algún programa de mediados de los ochenta, cuando aún llevaba pantalón corto y debía acostarme antes de las diez. No sé porqué, pero hoy ha sido así, un frenesí, llendo y viendo de un sitio a otro para evitar que los platos terminen alfombrando el suelo.

malabares, platos chinos

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