fartucos

Acabo de leer un par de entradas en otros tantos blogs amigos en donde comentan que, éstos dos días de fiesta pegados a un fin de semana, la Semana Santa, no han sabido a nada, unas veces por breve, cuatro días antes de un lunes asesino que prácticamente no disfrutas entre ir y volver y otras, las que menos, porque el tiempo ha pasado sin apenas provecho, sin hacer nada reseñable.

Sea como fuere, cada uno cuenta la romería según le va en ella y nosotros, eme y yo, nos fuimos al mi pueblu, a fartucanos de familia y de comida y a dar unas vueltas por las partes de la tierrina que eme todavía no conocía. En cinco días, cuatro noches, el tiempo se estiró para dejarnos cumplir con, si no todo, una gran parte de los planes que teníamos antes siquiera de montarnos en el coche y pudimos (¡al fin!) pasear por Cudillero, comprar un par de lámparas para el chiringuito y disfrutar de una tarde de sol en un merendero, rodeados de crios que daban voces y saltos y al lado de Camacho, un rubio de no más de cuatro años con ganas de explorar el mundo. Además, eme se reencontró con el verde, con la versión más cercana y próxima de las montañas, algo casi íntimo, y con el mar en invierno.

Al final, el lunes más tenebroso del año nos encontramos más jodidos que la hilaria pero contentos, por haber ido, por haber vuelto y por sentir una punzada de morriña, la suficiente para saber que está ahí, pero la justa para que no duela.

asturias, gijon, viaje

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