El sueño del mono loco Saliva, cinismo, locura, deseo…

la chusma no puede mas

Siempre he pensado que las vacaciones son el momento perfecto para recuperar ciertas costumbres que la ajetreada vida moderna nos arrancó a mordiscos y hoy, esta mañana, he vuelto a tener no más de diez años y un ataque de asma, porque me quedé en la cama leyendo durante más de hora y media, hasta terminarlo, el último libro de Alatriste (y Pérez-Reverte), Corsarios de Levante.

Hora y media dando estocadas, batiendome el cobre junto a lo más glorioso del viejo imperio, llendo al turco a saquear galeras y destripar infieles, moros, sarracenos o simplemente ingleses, siguiendo la línea de la costa y persiguiendo naves frente a Anatolia y Corfú a bordo de La Mulata, codo con codo con la única gente a la que respetas en un tiempo parecido a éste, en el que a veces importan demasiado las apariencias. Porque el libro tiene, sobre todo, un final al sprint, apoteósico y rápido que invita a leerlo del tirón pasada la página cien, que no concede treguas porque tampoco se le aceptan, faltaría más, y que cuenta la vida a bordo de una galera sin miramientos ni olvidos.

Hasta la fecha es, de este autor y categoría (si Alatriste puede considerarse una categoría) el más intenso y descriptivo, el más vívido y, probablemente, el más gráfico de todos los libros.

arturo perez-reverte, alatriste, corsarios de levante

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