El sueño del mono loco Saliva, cinismo, locura, deseo…

más allá del cénit

Han caido media docena de escuálidos copos de nieve sobre Mérida. No ha sido nada, no había nubes grandes y blancas en el cielo, únicamente unos jirones ínfimos un poco más allá del cénit y, con todo, han caido copos.

De pronto alguien ha gritado ¡está nevando! y todos hemos corrido hacia las ventanas un instante antes de cambiar el gesto y sentirnos defraudados, porque esperábamos ver, yo esperaba ver, copos grandes, trapos, cayendo lentamente en una especie de ballet minimalista y porque llamar nieve a lo que cayó es demasiago holgado y le viene grande.

Este fin de semana volveremos al pueblo de eme y, como hace un año, espero que caigan trapos blancos y gordos de nieve, de esos que, al mirarlos de cerca, te recuerdan a un fractal y espero que mitigue un poco la sed de nieve y esquí que tengo.

nieve, merida