El sueño del mono loco Saliva, cinismo, locura, deseo…

Sicilia, 1928…

Hubo una época, hace ya muchos años, en los que una (buena) seria de televisión podía vaciar las calles del país. Sucedió durante aquellos veranos inmensos y verdes de V, en donde las tardes terminaban con Diana comiendo ratones, o las sobremesas comenzaban con El Super Héroe Americano, El Coche Fantástico y el Equipo A. Luego, por la tarde, nos reuníamos en torno a la tele a ver El show de Bill Cosby o, casi de noche, Las chicas de oro.

De todas aquellas series, comedias dulces en su mayoría, el personaje más sacástico y ácido era Sofia Petrillo. La más vieja (en la ficción) de Las chicas de oro siempre fue mi personaje favorito, quizá por la mala leche que destilaba a ratos. Temía a Prados Soleados, el asilo donde le amanazaban, un día sí y otro también, en ingresarla sino se portaba bien; adoraba contar historias falsas con su conocido inicio: Sicilia, 1928…

Hace menos años, cuando güelita se embarcó en un avión y nos pasamos un fin de semana largo recorriendo Barcelona, le rendí un improvisado homenaje a la Petrillo, paseando por toda la Plaza de España con el bolso negro de güelita bajo el brazo, tal y cómo lo cogía ella en la tele. Después, me agarraba del brazo de zazu y le gritaba: ¡vamos, Dorothy! Me puse tan pesado que, incluso, salgo en una de las fotos de esta guisa.

Eran otros tiempos y otras series, otra forma de entender la televisión y, sobre todo, esta mierda de mundo pero, probablemente mi infancia habría sido más triste sin esta siciliana dura como acero, correosa y cínica.

Ayer murió Estelle Getty, más conocida como Sofia Petrillo.

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