sol y gasolina

A veces pasa, se te cruza el cable, ves un sol brillante, alto, altivo a la salida del sótano donde trabajas y te dices, ¡qué coño, me voy de paseo con la moto! Y dicho y hecho, te pasas la siguiente hora recorriendo las carreteras secundarias que hay entre Mérida, Alange, La Zarza y Don Álvaro, para volver a tu casa por la ruta larga, sintiendo el viento golpeándote en todo el cuerpo y cómo el mismo sol que te impulsó a quemar gasolina, te calienta la piel.

Una hora, cincuenta kilómetros recorridos, un tendón del antebrazo derecho tenso como una cuerda de violín y una sonrisa estúpida en la cara, como balance final. Ya casi es primavera…

moto, paseo, sol

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