―Volví a leer sus dos páginas ayer por la noche.
Me miró como si me dispusiera a decir algo que él tendría que refutar.
―¿Sí?
―Sí, y pensé de repente en la frase de Rossif a propósito de la teoría de la evalución.
―¿Cuál?
―«¿Y si el hombre no fuera más que el sueño de un mono loco?»
Permaneció impasible un largo instante.
―Es una imagen formidable.
―Pensé que le gustaría.
Se levantó para andar de un lado a para otro, respirando ruidosamente a través de los dientes. Iba a verle así muy a menudo, seducido por una idea o una imagen y buscando el medio de integrarla en nuestro trabajo. De pronto, se detuvo:
―Es el título.
―¿Perdón?
―«El mono loco», es el título.
El sueño del mono loco, de Christopher Frank.