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natural selection

My feeling is… if you’re the CEO of a company and you’re dumb enough to leave your login info on a Post-it note on your desk, while the people that you fucking ripped off are physically in your office, it’s not a hack. It’s barely social engineering. It’s more like natural selection.

(la traducción, y todos sus fallos e incorrecciones, es mía)

Mi idea es… si eres el CEO de una empresa y eres suficientemente idiota para dejar tu información de conexión en una nota Post-it sobre tu escritorio mientras las personas a las que estás despellejando están físicamente en tu oficina, no es un hackeo. Es poco más que ingeniería social. Es más una selección natural.

Silicon Valley S02E07

Esta serie, Silicon Valley, nació con el estigma de ser un intento de copia de The Big Bang Theory, aunque no se parecen gran cosa, y ha terminado por gustarme más que TBBT. Se debe, supongo, al hecho de que tiene más cosas en común con el universo friki por el que me muevo que la serie de los físicos.

El detalle de la contraseña en un Post-it es, de largo, una de esas experiencias que has vivido mil veces, como en un eterno bucle de notitas amarillas. El robo de esa información sensible, en ocasiones, también lo es.

la balada de Boyd Crowder

— Hace frío ahí fuera. Puedo sentirlo.
— Sí, yo estaba pensando lo mismo.
— Agradezco la mentira, señor Crowder pero ambos sabemos lo que estaba pensando. Cabos sueltos y todo eso.
— ¿Puedes leerme la mente? Quizá iba a cogerte las llaves y dejarte marchar.
— ¿Para así poder dispararme por la espalda? Va a tener que mirarme a los ojos cuando apriete el gatillo. No, supe desde el instante en que se subió a mi camioneta que iba a tener que mirar el oscuro cañón de su pistola. Que iba a acabar conmigo como la plaga que es usted.
— Bueno, he de admitir que hiciste una labor estupenda, dándome coba de aquel modo.
— No era coba. Pero sí que tengo que admitir que las leyendas de los forajidos no pasan de generación entre las familias de los asesinados.
— Bueno, me importa una mierda la “Balada de Boyd Crowder”. Ya estaré muerto y desaparecido para cuando se cante esa tonada.
— ¿Un chico que respondía al nombre de Hut McKean significa algo para usted?
— Déjame adivinar. Lo maté, mis hombres le mataron, mi droga le mató o mi padre le mató. Lo siguiente que va a salir por tu boca va a ser, ¿cómo consigue dormir por las noches, Boyd Crowder? Bueno, ¿sabes cómo? Porque yo sé quién soy. ¿Y tú? Eres un esclavo, un desarraigado que ni siquiera lo sabe. Conduces tu camioneta de mierda hacia tu casa de mierda, vives una vida de mierda. ¿Te crees mejor que yo porque cumples las normas? ¿Las normas de quién? Mi vida me pertenece.
— No ha oído ni una palabra de lo que he dicho.
— Me importa una mierda lo que digas. Soy un fuera de la ley.

un tío persigue a una ballena

justified

— He venido a decirte que estoy harto de esperar, harto de gilipolleces. Te he mentido, Boyd.
— Bueno, ya estamos llegando a alguna parte.
— He estado manteniendo la ficción de que tengo toda clase de cosas que me atan a Kentucky… cosas que retrasan mi marcha a Florida. Pero solo hay una cosa… Tú.
— ¿Quieres que me incline para que me beses?
— ¿Es lo que crees que es esto… otra de tus historias de amor?
— Bueno, me gustan los finales felices.
— Pues esta es una de aquellas clásicas historias en la que el héroe atrapa a su hombre y luego cabalga hacia la puesta de sol.
— O tal vez es como aquel otro clásico, en el que un tío persigue a una ballena hasta los confines de la Tierra, solo para ahogarse en sus problemas.
— Tengo que admitir, que hay una pequeña parte de mí que va a echar de menos esto cuando se acabe.
— Bueno, no elogies el pasado hasta ver qué depara el futuro.

Justified, la serie del tipo con el sombrero de cowboy más grande y los diálogos más lúcidos de la televisión yanki termina esta temporada, en apenas cuatro episodios. Y sé que sucederán dos cosas: que será difícil que baje de mi top 5, esa lista de las cinco mejores series que he visto (si, es un homenaje trasnochado a «Alta fidelidad», la película de las listas de cosas).

Y que seguiré a Walton Googlins cualquiera que sea su siguiente trabajo. Porque me pasa igual con algunos autores, donde una obra es sólo la puerta de entrada a un universo particular. Y este tipo, espigado y lleno de gestos que lo mismo te hace de policía enamorado y violento atrapado en una huída sin salida, que de travesti embaucador y seductor en un mundo de moteros, o de jefe de la dixie mafia, es un actor tremendo que engrandece las series por las que pasa, aunque sea de secundario.

Y es que como dice la canción de la entradilla, no dejarás Harlan, la ciudad minera donde transcurre esta serie, vivo.

casi como una cirugía

masters-of-sex

–¿Te puedo decir algo?
–Margaret, el chico se quiere ir.
–No, quiero que Dale escuche esto. Le he tomado mucho cariño a Dale, a pesar de nuestra breve amistad. Mantente soltero. Solamente te digo esto porque cuando eres joven y te enamoras, todos piensan que serán la excepción. Claro, quizás mamá y papá duerman en camas separadas, y luego habitaciones separadas. Quizás las parejas mayores que conozcas discutan o peleen. Quizás no se hablen, si es que alguna vez lo hicieron. Pero a tu edad, no te puedes imaginar que alguna vez serás tú. Pero lo serás. Lo cual ya es lo suficientemente malo, pero lo que es peor es cuánto te sientes como un fracaso porque cuando la persona que mejor te conoce pierde el interés, eso realmente se lleva algo de ti. Casi como una cirugía. Y realmente te empiezas a preguntar si te volverás a curar otra vez.
–De cualquier manera, estoy balbuceando. Perdónenme, señores.

Masters of sex, Love and Marriage (S01E08)

A estas alturas, negar que veré cualquier soporte multimedia en el que aparezca Allison Janney, sería mentir. Después de que las siete temporadas de El ala oeste de La Casa Blanca se me hicieran cortas, saber que aparecería en esta serie sólo hizo que subiese arriba del todo en mi lista de series para ver. Y si, la serie merece la pena, pero gana enteros con cada aparición de la mujer del Vicerector del hospital.

el paquete completo

«Le ordené a mi cabeza que silenciara por un rato la bronca. Y de repente pude irme bien lejos, a la infancia y a la adolescencia, a la época en que leer era lo único que me hacía feliz.

Los nueve libros que elegí son todas lecturas anteriores a mis veinticinco años. No creo que después de esa edad un libro te cambie la vida. Te puede cambiar la forma de pensar o de creer, pero no la vida. La vida es arcilla hasta los veinticinco. Después es piedra.»

Tiener razón Hernán Casciari (blog y video) en que, más allá de los veinte, veinticinco años, ningún libro te va a cambiar la vida porque ya no somos permeables. Simplemente nos hemos convertido en piedra.

Tiene gracia que, unos días atrás, estaba intentando hacer una lista, mental, con los libros que más me han influído y aunque la mayoría los recuerdo de cuando usaba pantalón corto por imposición, el último del que tengo constancia data de finales de los noventa. Justo en ese periodo de tiempo en que cambiamos de arcilla a piedra. Y aunque he leído muy buenos libros después de esa época, grandes clásicos incluídos, no consigo recordar uno porque haya me dejado profundas cicatrices. Como mucho, recuerdo algún que otro arañazo sin importancia.

Solía guardar en una libreta, que luego fue un fichero de texto, que cambió a un formato de notas antediluviano, que fue un fichero de Word, de StarOffice, OpenOffice y LibreOffice y que, finalmente, volvió a ser un fichero de texto, solía guardar citas, fragmentos, partes completas de aquellos libros que me dejaban tocado. Para estar en aquellas páginas no sólo tenía que revolverme las entrañas, tenía que desvelarme durante días, debía recordar un pasaje, el que luego copiaría con mimo, durante horas. Cada cierto tiempo volvía a repasar los fragmentos, recordaba las sensaciones que producían, releía con avidez aquellas palabras deseando, secretamente, ser capaz algún día de escribir así, de arrancarle el sueño a alguien con sólo unas cuantas palabras.

Dejé de escribir en aquella libreta a finales de los noventa. No sé el motivo real o, mejor dícho, no sabía el motivo real de aquel cambio pero ahora sí: los libros ya no me conmovían. Si, alguno conseguía que pensase en él antes de dormirme, otros me dejaban con una sensación extraña, conocida y añorada, pero ninguno contenía el paquete completo, el sentimiento de estar tocado durante semanas. Y empecé a pensar que era cosa mía, que de tanto leer me había vuelto un sibarita inconformista que nunca tendría suficiente, que buscaba una calidad que era incapaz de paladear. Si Casciari tiene razón, y yo creo que sí, el problema de volverse de piedra y saberlo, es que a partir de aquí los únicos libros que me cambiarán la vida son los que ya tengo archivados en esos ficheros de texto.