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un tío persigue a una ballena

justified

— He venido a decirte que estoy harto de esperar, harto de gilipolleces. Te he mentido, Boyd.
— Bueno, ya estamos llegando a alguna parte.
— He estado manteniendo la ficción de que tengo toda clase de cosas que me atan a Kentucky… cosas que retrasan mi marcha a Florida. Pero solo hay una cosa… Tú.
— ¿Quieres que me incline para que me beses?
— ¿Es lo que crees que es esto… otra de tus historias de amor?
— Bueno, me gustan los finales felices.
— Pues esta es una de aquellas clásicas historias en la que el héroe atrapa a su hombre y luego cabalga hacia la puesta de sol.
— O tal vez es como aquel otro clásico, en el que un tío persigue a una ballena hasta los confines de la Tierra, solo para ahogarse en sus problemas.
— Tengo que admitir, que hay una pequeña parte de mí que va a echar de menos esto cuando se acabe.
— Bueno, no elogies el pasado hasta ver qué depara el futuro.

Justified, la serie del tipo con el sombrero de cowboy más grande y los diálogos más lúcidos de la televisión yanki termina esta temporada, en apenas cuatro episodios. Y sé que sucederán dos cosas: que será difícil que baje de mi top 5, esa lista de las cinco mejores series que he visto (si, es un homenaje trasnochado a «Alta fidelidad», la película de las listas de cosas).

Y que seguiré a Walton Googlins cualquiera que sea su siguiente trabajo. Porque me pasa igual con algunos autores, donde una obra es sólo la puerta de entrada a un universo particular. Y este tipo, espigado y lleno de gestos que lo mismo te hace de policía enamorado y violento atrapado en una huída sin salida, que de travesti embaucador y seductor en un mundo de moteros, o de jefe de la dixie mafia, es un actor tremendo que engrandece las series por las que pasa, aunque sea de secundario.

Y es que como dice la canción de la entradilla, no dejarás Harlan, la ciudad minera donde transcurre esta serie, vivo.

un hombre con el podías hablar

¿Sabes, Frederick? la primera vez que te evacuaron con nosotros, tenías casi doce años. Enviamos a nuestro chófer a la estación a recogerte. Años después me dijo que hablaste todo el camino hasta la casa, que insististe en sentarte con él. Creías que él era yo. No viste sus manos ásperas. Sólo viste a un hombre con el que podías hablar de coches. He pensado a menudo en eso y en la decepción que debimos de suponer para tí. Que debí suponer. Tan estirado. Siempre sentado en la parte de atrás, lejos de la verdadera conversación, cuando todo lo que tú querías era sentarte delante y hablar. Me doy cuenta que es lo que Ruthie deseaba de mí. Tantos descubrimientos. Todos demasiado tarde. Deberíamos haber hablado con ella. No dejar que se alejara tanto.

The Hour. S01E06.

es parte del juego

Todos cumplen su papel, que en cinco temporadas da para muchísimo más, para cambiarte una vida, y para enseñarte las cosas tal y como son. Y Omar, todo rock?n?roll en sus venas, diciendo al abogado: ?Igual que usted amigo. Yo tengo la escopeta. Usted su cartera. Es parte del juego ¿cierto??. Lo dicho, The Wire te cambia la vida.

El juego de Omar Little en The Wire.

el puñetazo final

Con su primera temporada, Treme se convirtió en el golpe de gracia que dejará knockout al cine para siempre. No hay un cine así, ni puede haberlo. The Sopranos, Six Feet Under, Mad Men y Breaking Bad fueron durísimos golpes estéticos al celuloide, es verdad. Pero Treme es el puñetazo final.

Desde esta semana, emitido ya el episodio S01E10, el cine sabe que su vida futura será la de contar cuentos cortos. Y la televisión se encargará de narrar la intensidad de las novelas literarias. Ya no tiene sentido hacerlo de otro modo.

Hernán Casciari en Treme, y más allá la inundación

Suelo coincidir, y mucho con Hernán Casciari pero en esta ocasión sólo puedo quitarme el sombrero. Llevaba una temporada pensando precisamente en eso, en el tiempo que hace que no paso por una sala de cine y lo poco que lo hecho de menos. Ni tan siquiera veo películas en casa. ÿltimamente todo lo que veo son series, si exceptuamos la película de la siesta por definición, esa que se basa en hechos reales y que siempre ponen los sábados por la tarde.

En comparación con las series, las películas me parecen cuentos breves, carentes del espacio suficiente para desarrollar completamente un buen guión o una buena idea. Me he acostumbrado, me temo, a las películas de veinte horas de duración por temporada, me temo.

Y de Treme, qué puedo decir de Treme… Que envuelve, que dignifica, que explica y que aturde. Es como un mazazo. El mejor golpe que me he llevado en los últimos años.

cerrando temas y series: the wire

Dos días después de asistir al final de Lost, en una ceremonia más íntima y personal, vi el último capítulo de The wire. Hace una semana, poco más o menos, 24 también emitía su último capítulo y ayer, ¡maldita sea! Pelotas, la única serie nacional que seguía, terminó de malas maneras, esperando una tercera temporada que nunca llegará.

Pasado el apurón de Lost, me tomé un tiempo para disfrutar de The wire, una de esas joyas televisivas que, además, resulta tremendamente adictiva. Antes de nada, comentar que no es una serie al uso, es decir, que a pesar de ser policiaca hasta el tuétano, no resuelven cuatro casos por capítulo, ni los investigadores son una rama altamente especializada en resolver crímenes ni, por supuesto, los análisis de ADN, la piedra angular de cualquier investigación, se realizan en apenas diez minutos y se anuncian con pitidos de ordenador. The wire no es eso, ni lo pretende. Se trata de una serie lenta, de digestión árdua, del tipo de series que prefiero últimamente. The wire es un chute de realidad y pobreza, un cóctel explosivo empaquetado en un lugar que sólo conocía de un puñado de referencias de algunos libros, Baltimore.

The wire
The wire

En The wire todo pasa lentamente, despacio. Los análisis se hacen en un mes, más o menos, y los detectives se equivocan al analizar una escena del crimen o acuden borrachos a trabajar. No es el mundo perfecto, ni lo intenta. Hay errores, algunos aciertos y mucha incomunicación entre los distintos estamentos y, como punto central de todo, una escucha telefónica, un cable (wire, en inglés), que permite a la policía seguir los pasos de los chicos malos. Y Baltimore, la ciudad, es un personaje más, compuesto de mil caras. Las casas vacías, los muelles o las esquinas del oeste cobran vida, mágicamente y pasas a ocupar un sitio más en el elenco.

Habla, principalemente, de los esfuerzos de la policía de Baltimore para hacer cumplir la ley, pero también de todo lo que se relaciona íntimamente con ella: la política (los tejemanejes del ayuntamiento), la judicatura y los delincuentes. Lo mejor de la serie, sin duda, es el retrato descarnado y limpio que hacen de los personajes. Policías cuya única motivación es el alcohol y la forma de evitar hacer su trabajo, criminales que van siempre dos pasos por delante, sencillamente porque los perseguidores (policía, jueces) no saben anticiparse o hablar entre ellos y, en medio de todos, la población de los peores barrios de la ciudad y los drogadictos.

En una serie que se basa, y cómo, en unos personajes magistralmente definidos e interpretados, me resulta muy difícil escoger sólo un personaje pero, de tener que hacerlo, me quedaría con Bubbles. El motivo es muy sencillo: en el cuarto episodio hice un alto en la emisión para cerciorarme de que realmente se trataba de un actor, Andre Royo, y no de un verdadero drogadicto. El listón, está muy alto y el puesto muy discutido. Por el lado de los buenos, Lester Freamon, el detective perspicaz y tenaz tiene muchas bazas, pero también las tiene Omar Little, el ladrón de gansters. En una serie tan coral, con tantos y tan buenos personajes, como decía, lo difícil es elegir uno.

Son cinco temporadas, cada una basada en ámbito de la vida de la ciudad. Comienza con la lucha antidroga en el oeste de la ciudad para pasar, en la segunda temporada, a pelear con los estibadores del puerto. En la tercera, la acción vuelve al oeste, donde los gánster se han hecho con el control del barrio y hay continuos ajustes de cuentas. La cuarta, mi favorita, se centra en el juego político del ayuntamiento y, sobre todo, en la educación de los chicos de las esquinas y, por último, la quinta temporada culmina con el cuarto poder, la prensa. Esta organización de las temporadas, tocando temas tan concretos se debe, supongo, a que los guionistas trabajaban como periodista y policía antes de escribir la serie.

Me he dado cuenta de que, como a ciertos autores, he comenzado a seguir los productos de la cadena HBO, la responsable de The wire y algunas otras series que también me han dejado huella: Six feet under (A dos metros bajo tierra), In treatment, Generation kill, Band of brothers (Hermanos de sangre) o The pacific, del que estoy a un episodio del final.

Por cierto, si alguien se queda con ganas de más, los mismos guionistas se han embarcado en otra serie, en otra ciudad y con otro barrio: Treme, en Nueva Orleans. Si en The wire la droga lo impregnaba todo, en Treme es la música lo que une. Tres episodios llevo y ya tengo que andar tomándolo en raciones pequeñas para no agotarla.