cabrón

No se me ocurre otro título, pero tampoco me pesa usar este. Al parecer, el ex-presidente de una asociación de víctimas Mauthausen (Amical de Mauthausen) nunca estuvo prisionero en un campo de exterminio nazi, no sufrió el acoso, ni las vejaciones, ni las torturas ni nada. Al parecer este caballero se inventó su papel de prisionero de los nazis para así “difundir mejor el sufrimiento de las víctimas”. Precioso.

Y digo yo, ¿eso no es una manera sucia y salvaje de ejercer de comercial? Pongámonos en situación: me acaban de nombrar presidente de una asociación de damnificados por, por ejemplo, las anillas de plástico de los packs de seis refrescos, aunque me encanta la cocacola y no tengo quejas de las anillas. La cosa no pinta bien, no me hace caso nadie y no soy capaz de explicar qué pide la asociación. Como este curro me gusta (es cómodo, sólo hay que hablar de vez en cuando, no tengo que ganarme incentivos de producción… un chollo), decido implicarme más con “el proyecto”. ¿Cómo era la canción? ¡Ah, sí! Vamos a contar mentiras, tralará…

Total, que tras ver un apasionante capítulo de Los Simpsons, decido rehacer la historia como a mí me hubiese gustado y para que sea un poco más favorable a los intereses de mi asociación. Al final, me corto un poco y no pongo que me robaron la receta del plástico y se la dieron a la Dupont. Y un día, me llaman de la tele y le cuento a AR mi historia, la de esas nefastas tiras plásticas y su incidencia en la pesca del calamar del norte. Bises, aplausos, palmaditas. Y así, treinta años. A veces, mis historias no me las creo ni yo, pero como el tema llega, sigo hablando y lo adorno todo con cosas que saco del libro gordo de Petete.

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