compensando

Hemos vuelto a Gijón el fin de semana. Mil trescientos kilómetros, sólo entre la ida y la vuelta, pero compensa a pesar del cansancio y la espesura general de hoy. ¿Qué cómo puede compensar semejante paliza? De una manera sencilla: cuando un mocoso de año y medio te dice, a su manera, que no estás allí, que vuelvas.

Hace un rato he hablado con mi madre por teléfono y, como suele, mi sobrino montó un pequeño lio porque quería ponerse al aparato. Cuando le he dicho quien soy, ha ido hacia la puerta y se ha puesto a decir ¡ayayayayayay! mientras la señalaba, que viene a ser algo como «¡no te veo! ¿Dónde estás?».

Con unos tíos tan intermitentes como nosotros, se está empezando a hacer un lío. Pero para que no deje de reconocernos, nos daremos estas palizas todas las veces que haga falta.

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