cuerpo de lunes…

hoy estoy de lunes. después de un agotador fin de semana de cuatro días en Asturies, de 700 kilómetros de viaje y de mucha juerga, mucha risa y mucho alcohol, no puedo con mi cuerpo.

es fascinante las formas tan diferentes que hay entre el norte y el sur a la hora de hacer algo tan nuestro, tan de todos, como es la fiesta, el salir de cachondeo y juerga. aquí, en extramadura, las noches comienzan con los famosos botellones hasta alcanzar el nirvana etílico. después, te vas a la discoteca o al bar de turno y continuas de ronda hasta la hora de cierre, a eso de las cuatro y media o cinco de la mañana. el tema de la hora de cierre es algo que escapa, completamente, a mis conocimientos. ¿donde se ha visto que no puedas estar tomando copas hasta la hora de recoger un par de curasanes?

por el contrario, en el norte, en asturias (tierra de nubes perpétuas, según dicen por aquí), comenzamos a salir a las nueve de noche, llendo de sidras y/o cervezas. es una liturgia, no hay otra forma de explicarlo. necesitas un grupo de amigos, unas cajas de sidras, un merendero o sidrería, una mesa y unas sillas y tiempo por delante para gastarlo entre charlas, risas y “culetes”. luego, una cena pantagruélica para mantener la línea del cinturón y después, la noche nos confunde… de bar en bar, uno se toma sus “cacharretes” (cubatas) en la calle (cuando se puede) o le da al baile en medio de una muchedumbre febril y epiléptica en algún ricon oscuro de un pub. allí, no existe la hora de cierre y si hay que estar hasta las ocho o las nueve, se está. no es extraño estar tomando la última mientras los camareros barren y ahuyentan a los últimos borrachos.

otro día hablamos de las comiditas, prometido. ahora voy a enchufarme a la máquina de café y a buscar la forma de hacerme una diálisis con ella.

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