falta gente, otra vez

«La falta de recursos humanos es el problema estratégico al que se enfrenta ahora el sector, pese a que los puestos que se ofrecen tienen un gran atractivo por sus salarios y las posibilidades de conciliación», indica Lombardía. A esta situación hay que sumar que hay muchas empresas fuera del sector de las nuevas tecnologías que también necesitan emplear a informáticos.

Vía: La falta de informáticos amenaza con dejar vacantes 900 empleos del sector tecnológico, en La Nueva España.

Las negritas son mías y el cabreo, también. Los mejores comentarios, los de la gente a la que, como a mí, les ofende esta sarta de mentiras que intentan colar cada tres meses.

La casualidad, que es muy graciosa, hizo que conociese a la señora (o señorita) Lombardía durante mis años universitarios. Fue mi profesora de álgebra (sí, álgebra, otra vez) de la academia a la que iba con la sana intención de pasar de curso y, años más tarde, vino al SAT a presentar su empresa y los proyectos que estaban realizando para la Papelera de Navia, entre otras actuaciones. Luego oí que se había metido en eso llamado “El cluster TIC de Asturias” y que, cada tres o cuatro meses, salía en los medios de comunicación pidiendo informáticos a cuatro duros.

Porque, al final, lo que intentan obtener las compañías que integran el cluster es, precisamente, eso: un flujo constante de informáticos a muy bajo precio. No necesitan gente especializada, con años de experiencia sino mano de obra barata y, preferiblemente, por formar. Se da la casualidad que en Langreo, Cap Gemeni lleva años abasteciendo una fábrica de software con la mayoría de los diplomados y licenciados de la universidad y, claro, como no comparten los recursos, algunos ponen el grito en el cielo (o en los periódicos) pidiendo lo suyo.

Son empleos precarios, en donde entras recién salido de la universidad, a picar código por cuatro perras y, como mucho, subes uno o dos escalones antes de que te den la patada al cabo de un par de años. Tu puesto de picaor lo rellenan con otro nuevo fichaje, más barato si cabe, y todo vuelve a empezar. Los empleos importantes, los jefes de proyecto, etcétera, los importan de Madrid o Barcelona y en la región sólo cogen empleo con poca especialización (sin olvidar con las subvenciones, claro).

Hace años, en 2000, las mismas empresas se quejaban de que el mercado laboral estaba saturado de informáticos y hoy, ocho años después, hacen sonar las trompetas con ritmos apocalípticos por lo contrario. Si bien es cierto que las matrículas en las carreras relacionadas con el tratamiento racional de la información han decaído mucho en los últimos tiempos, se me hace dificil imaginar que, con las condiciones adecuadas, mucha de la gente que estamos fuera, no volveríamos encantados a la tierrina a trabajar.

Es cierto que el empleo en Asturias está mal, está jodido desde que tengo uso de razón pero, no es menos cierto, que el gran atractivo de las condiciones que publicitan no es tal y que, conociendo la cantidad de horas y responsabilidades que se le van a exigir, al precio que pretenden pagar, no hay nadie en su sano juicio que pase por el aro.

Si uno se para a leer los comentarios del artículo del periódico, se dará cuenta de que, la mayoría de los mismos, proviene de gente del sector, que trabaja en esto y conoce el mundillo. Y la otra parte importante proviene de los emigrados, la gente que nos fuimos fuera «a trabajar» y que, cuando nos preguntan si nos gustaría volver, respondemos que sí, pero que a hacer qué.

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