El sueño del mono loco Saliva, cinismo, locura, deseo…
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A veces tienes la satisfacción de poder ayudar con pequeñas acciones que, a la larga, significan mucho. A través de phwk, el grupo de fotografía, cuatro personas pudimos visitar un refugio de gatos en Sevilla con la idea de hacerles fotos que ayudasen en su adopción. Susan propuso esta salida y no creo que haya habido una propuesta tan fácilmente aceptada. Lo curioso es que, además de los que queríamos ir, hubo varias personas que dijeron que no querían ir pero que colaboraban con lo que fuese y, al preguntarles los motivos, el más común era que se los llevarían todos a casa.

Yo tenía mis reservas, soy el cuidador de un gato/pantera adora-odiable desde hace poco más de dos años e ir a un refugio me generaba dudas y temía volver a casa con dos docenas de gatetes revolviendo en el coche. Al final la experiencia ha sido muy enriquecedora y no hemos aumentado la cuenta de gatos en el piso.

La idea que yo tenía de lo que es un refugio de animales rozaba el cliché (o caía directamente dentro), con sus jaulas llenos de animales deseando salir, con necesidad de cariño y que te miran con una pena infinita. Nada más lejos de la realidad, para mi escarnio. Nosotros estuvimos en un refugio grande, con diferentes habitats para mantener juntos a los gatos jóvenes, más revoltosos, a los enfermos, que no pueden estar en contacto con los sanos, o a los que acaban de llegar, que necesitan aclimatarse. Son habitáts amplios, con zonas de juego, zonas para dormir o comer e incluso, zonas al sol pero a cubierto, para cuando llueve. Por supuesto hay jaulas pero están aquellos que son recién llegados o que están recuperándose de una operación pero no resulta deprimente ni triste.

Son pocas las personas que llevan el refugio, sin más que alguna ayuda puntual o donaciones y su labor resulta encomiable. Nosotros, en colaboración con varias personas del grupo de fotografía, llevamos unos cuantos sacos de comida seca y varias latas de comida húmeda y nos pareció poco, vista la enorme tarea que tienen. Porque los gatos están bien atendidos y cuidados, pasan sus controles veterinarios y les ves bien, incluso a aquellos que están muy jodidos, que los hay y todo por el empeño de Margarita y un par de personas más que no cejan en su empeño. Así que ayudarles con las fotos era lo mínimo que podíamos hacer.

Los gatos son muy suyos, eso lo saben hasta quienes no los han tenido y hacerles fotos es complicado si no se dejan. Aún así, son cariñosos y curiosos y si tienes paciencia y te mueves despacio consigues buenas fotos. Casi ninguno se asustó de nosotros, los nuevos, pero tampoco se acercaban mucho. Tras unos minutos allí ya empezaron a perder el miedo o les venció la curiosidad y se acercaban. A mi, uno me tomó por un árbol de juegos y se entretuvo trepando a mi cabeza. Una hora después salimos de allí con ganas de llevarnos a media docena pero sabiendo que están bien y que pronto serán adoptados por gente que los quiera.

Una última cosa:

¡adopta animales, no los compres!

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