como acabar con linex

En el 2002 asistí en Madrid a la Hispalinux en donde se premió a la Junta de Extremadura por su labor en el desarrollo y la publicidad del Software Libre. Habían desarrollado Linex, se habían subido al carro del progreso a golpe de cigüeña y lo iban a llevar a todos los institutos de la región. Hasta aquí todo claro, tenían empuje, sabían lo que querían y cómo lo querían.

La idea era llenar los institutos de ordenadores (desconozco si los colegios también), poner un cacharro de esos, un chisme del progreso y la banda ancha por cada dos alumnos, calzado con software de la casa, con Linex, que es libre y gratuíto y no paga licencias. También dotarían de recursos a los maestros, formación, horas de práctica, control sobre lo que se ejecuta en los equipos de los alumnos, etc… la panacéa, vamos.

Y como en todas estas cosas también están los plazos, el tiempo que apremia y ahoga y no da descanso. Un maestro me comentó en una ocasión que un miércoles recibieron un fax de la Junta en el instituto diciendo que el viernes, a la hora del cierre de las aulas, éstas deberían estar vacías y todo el mobiliario almacenado en el patio. Cumplieron con la mosca tras la oreja y el lunes al llegar se encontraron con las aulas llenas de mesas nuevas, ordenadores, pantallas, el edificio cableado y un ordenador con conexión a Internet por cada dos alumnos. ¡Magia potagia!

Fue entonces, ese lunes de Reyes Magos en pleno mes de septiembre, cuando las cosas se torcieron, cuando la mayor parte de los profesores se dieron cuenta que no tenían ni idea de usar eso que venían instalado en los equipos, que no se parecía ni por asomo a lo que estaban acostumbrados a usar en los tres tristres cacharros con que contaban hasta entonces y que de los cursos, la formación, la adaptación, nunca más se supo. El maestro me decía que muchos de sus compañeros ni tan siquiera utilizaban los equipos, los tenían apagados durante las clases y sabían, porque eso se sabe, que los alumnos cuentan con más conocimientos y podían llegar a marear al profesor hasta límites insospechados.

Esta tarde me he acordado de la charla que tuvimos hace un par de años, que comenzó con una explicación somera de la teoría de sistemas operativos y que concluyó con su experiencia desde el otro lado de la barrera, desde el lado en que está el toro. Recuerdo su manera de hablar pausada y tranquila, desgranando todo lo que estaba mal, todo lo que cambiaría y lo que le hacía falta a la idea para germinar y, sobre todo, me he acordado de él al recordar cómo decía que tantos monitores ocultan a los alumnos y sus fechorías, evitando ver qué hacen, o mejor, qué no hacen. Me acordé de él, decía, al ver los monitores del aula en donde asisto a la Escuela Oficial de Idiomas (instituto de día y eoi de noche, por obra y gracia de la ausencia de fondos), rallados, llenos de inscripciones hechas con tipp-ex (pko x yesi), con una nueva decoración más moderna que sustituye los botones y los leds por pelotas de chicles mascado, con las pantallas oradadas durante horas con un bolígrafo hasta hacer surcos profundos y, en definitiva, hechos un asco.

monitor 1

Los puntos fuertes de la idea se han convertido en sus peores pesadillas: de unos profesores formados y que ven en los ordenadores e Internet un aliado poderoso para moldear las mentes de los alumnos pasamos a maestros que no utilizan todos sus medios porque desconocen su funcionamiento, porque pueden quedar en claro ridículo frente a los alumnos, mejor formados y, sobre todo, sin miedo de las nuevas tecnologías que han acogido como naturales y que manejan con destreza. De unos alumnos ávidos de conocimientos que pueden acceder a todo y aprender de todo se ha pasado a unas bestias pardas, incultas y despreocupadas, que sienten un profundo desprecio por la propiedad ajena, aunque sea su material de trabajo. El mundo al revés. Da cierta pena ver como una buena idea se muere por falta de interés de todos aquellos a quien debería importar.

linex, extremadura

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