máquinas de escribir

El fin de una era: cierra la última fábrica de máquinas de escribir del mundo

Como a muchos otros de mi generación, me regalaron una cuando hice la primera comunión. Como muchos otros de mi generación, no recuerdo cuando fue la última vez que utilicé una.

En Microsiervos.

Lo leí ayer y, sin quererlo, recordé un texto que escribí para el taller de escritura titulado Olivetti Lettera 32.

Un estuche verde, semirígido y con una cremallera negra y brillante no era uno de esos objetos que un niño pequeño y curioso dejaría pasar sin más. Además, mi madre guardaba aquel precioso estuche en el cajón los papeles de papá, en el centro del mueble del salón. Eran demasiados privilegios para un simple estuche verde, que dormitaba rodeado de papel de cartas, sobres, sellos y documentos variados. Los niños teníamos prohibido abrir aquella puerta pero, la sola presencia de la caja verde, con aquella extraña inscripción metálica, compensaba el posible castigo. La chapa metálica, mitad negra, mitad blanca, tenía escrita la leyenda Olivetti Lettera 32 en brillantes letras blancas y negras. Hasta años después de aquella tarde de invierno, no conocería el significado de las mismas, aún habiéndolas leído miles de veces.

Más en Olivetti Lettera 32.

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