retos e ilusiones

Resulta complicado, una vez terminas los años de universidad y de estudio, encontrar retos contra los que ponerse a prueba. No es que sea una de esas personas que están constantemente buscándole tres patas a cada gato sino que creo que, de vez en cuando, es necesario un desafío, una prueba que te obligue a pensar, a aplicar conocimientos, a dudar en definitiva. Un pequeño test que sacuda monotonía, cotidianeidad y rutina del cerebro.

Esta vida moderna, repetitiva hasta la extenuación, carece de desafíos que devuelvan la ilusión y las ganas de jugar. Y eso agota. Encontrarse en el mismo punto que meses atrás pero con menos fuerzas comienza a ser una constante en esto que llaman vida adulta y, por eso, he vuelto la vista atrás, a cuando realmente me divertía con lo que hacía, en busca de los motivos.

Me he dado cuenta que antes tenía que pelear casi constantemente por todo. La adolescencia conseguía crear enemigos en cada casa y, mantener la paz era un complicado juego de estrategia. Cada examen se erguía ante tí como una pared infranqueable que sólo podías superar buscando la solución en los libros. Así, mil ejemplos: encontrar pareja, mantener a los amigos, cuidar de los tuyos, crecer como persona… He calculado que, aproximadamente, necesito un desafío cada año y medio para no terminar desquiciado, aburrido o con la sensación de déjà vu permanente.

Así que en eso estoy, en la búsqueda de retos que me permitan aplicar todo lo que aprendí en vidas pasadas, desde circuitos integrados hasta ecuaciones diferenciales, mezclado con algo de filosofía barata de libro de autoayuda. Sólo espero no dejar nunca de buscarlos.

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