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briconsejo: tuneando una mesa de ikea para ocultar cables

Lo leí hace unos años y, para ser sincero, llevaba dándole vueltas desde entonces. Van Mardian contaba en una web, decluttered.com (aunque hay otros) cómo ocultar todos los cables y cacharros electrónicos bajo una mesa de ikea. Obsesionado como estoy con los cables, ver una mesa idéntica a la mía tan despejada hizo mella en mi subconsciente y, desde entonces, buscaba la manera de hacer algo similar. El martes, tras recorrer Mérida buscando los últimos componentes, supe que había llegado la hora.

La idea es muy sencilla. A un tablero, en mi caso de 70×50 centímetros, se fijan mediante bridas de plástico todos los dispositivos electrónicos, cables y cualquier cosa que estorbe encima de la mesa. Luego, ese tablero se sujeta a la parte inferior de la mesa mediante unas grapas como las de los cerrojos de las puertas y se extienden los dos o tres cables imprescindibles como el corriente. Así queda todo despejado y limpio.

No voy a poner una foto del antes, por vergüenza torera, pero el después es realmente gratificante (y si no hubiese tenido impresora me ahorraba hasta las sombras en la pared).

Lo que más cuesta es organizar bien el tablero para que entre todo. Al mío, al final, casi le hacían falta unos centímetros más de lado, para poder seguir anclando aparatos. En mi caso, situé dos bases de enchufes, de tres y seis huecos, en el centro del tablero. El más pequeño, que no tiene interruptor, es el principal, el que se va a conectar a la pared y el que no se va a apagar. Todo lo que está conectado ahí es importante: el router, el portátil de las descargas y la otra base de enchufes.

La base de seis enchufes es la secundaria. Cuenta con un interruptor para poder apagar todos los dispositivos y lleva conectada las fuentes de alimentación de los dos discos duros externos (en una palabra: backup) y la de la impresora. Ahí irán los cargadores de macbook y el del móvil, si hace falta. Con todo eso, todavía quedan un par de enchufes libres para otras cosas.

Como fui incapaz de encontrar la tabla de madera que utilizó Van Mardian, tuve que practicar yo los agujeros. Y, por supuesto, el resultado final no es, ni remótamente parecido al del bueno de Van. Soy pintor de brocha gorda. Con un taladro inalámbrico y un kit de reparación comprado en los chinos (sigo sin saber qué reparaba con una broca del 6), la madera opuso poca resistencia. Después, se fijan fuertemente los cacharros con bridas y el resultado, sin darle la vuelta, es magnífico.

Al colocarlo en su sitio y ver la mesa despejada, uno se da cuenta de que ha valido la pena.