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briconsejo: cómo regar las plantas durante las vacaciones por menos de un euro

Nos íbamos quince días fuera de la ciudad y la provincia y teníamos miedo por la única planta que sobrevivía en casa, demasiado grande como para transportarla, demasiado bonita como para dejarla morir. Quince días de agosto, en Extremadura y sin agua se pueden hacer duros para cualquier ser vivo.

Internet, como casi siempre, sólo sirvió para constatar que había gente con las mismas necesidades dispuestos a pagar hasta treinta y cinco euros por un pequeño cono de cerámica cuyo extremo de tela se introducía en un cuenco con agua y, milagrosamente, mantenía viva la planta. Pero, esta vez, internet sirvió como estímulo, dio ideas y finalmente ayudó a resolver el lío. Leí en un foro en portugués (no recuerdo la dirección) que se podía usar el sistema de goteo de los hospitales para regar las plantas durante un tiempo y, con la bombilla encendida, me puse a mirar cómo implementar la idea.

Lo primero fue marear a una amiga que trabaja en una farmacia para conseguir un kit de suero, uno de esos paquetes esterilizados que contienen un sistema de goteo con un tubo flexible y largo y un cierre. Al principio te miran como si hablases en otro idioma, sobre todo si has cometido el error de comentar en qué pretendes utilizarlo. Pero apareció el kit de suero y, con el, la solución por 84 céntimos de euro.

El montaje final, además del kit, incluye una botella de plástico de litro y medio de capacidad (o de dos litros si la ausencia va a ser larga) y dos bridas de plástico de fontanero.

El kit de suero trae, en el extremo del gotero, un sistema para pincharlo a las bolsas de suero que utilicé para clavarlo en el tapón de la botella. Además de ser rápido, el pincho no pierde agua ni se mueve, una vez situado en el tapón. Las bridas son para sujetar el conjunto al pie de una cama, junto a una ventana. Empleé las bridas por dos motivos: baratas y rápidas de usar, basta con cerrar una alrededor del cuerpo de la botella y dejar la otra formando un gran óvalo, cerrada sobre la primera. Y de ahí, al pie de la cama. El extremo del tubo de plástico se sitúa, sin liarlo, sobre la planta en un lugar donde haya tierra y donde la gota no caiga directamente sobre la planta.

El tiempo total de montaje no excedió el minuto y el coste, cercano al euro.

gota a gota

Finalmente sólo queda regular el goteo. En nuestro caso, la gota caía cada par de minutos, aproximadamente. Tuve el montaje funcionando durante un par de días en la bañera y calculé que gastaría, con ese goteo, un litro y medio en un par de semanas.

Ayer, al volver tras dieciséis de ausencia, la botella estaba por la mitad y la planta en perfecto estado, con un par de nuevas ramas. Como siga creciendo así, nos va a terminar echando de casa.

briconsejo: tuneando una mesa de ikea para ocultar cables

Lo leí hace unos años y, para ser sincero, llevaba dándole vueltas desde entonces. Van Mardian contaba en una web, decluttered.com (aunque hay otros) cómo ocultar todos los cables y cacharros electrónicos bajo una mesa de ikea. Obsesionado como estoy con los cables, ver una mesa idéntica a la mía tan despejada hizo mella en mi subconsciente y, desde entonces, buscaba la manera de hacer algo similar. El martes, tras recorrer Mérida buscando los últimos componentes, supe que había llegado la hora.

La idea es muy sencilla. A un tablero, en mi caso de 70×50 centímetros, se fijan mediante bridas de plástico todos los dispositivos electrónicos, cables y cualquier cosa que estorbe encima de la mesa. Luego, ese tablero se sujeta a la parte inferior de la mesa mediante unas grapas como las de los cerrojos de las puertas y se extienden los dos o tres cables imprescindibles como el corriente. Así queda todo despejado y limpio.

No voy a poner una foto del antes, por vergüenza torera, pero el después es realmente gratificante (y si no hubiese tenido impresora me ahorraba hasta las sombras en la pared).

Lo que más cuesta es organizar bien el tablero para que entre todo. Al mío, al final, casi le hacían falta unos centímetros más de lado, para poder seguir anclando aparatos. En mi caso, situé dos bases de enchufes, de tres y seis huecos, en el centro del tablero. El más pequeño, que no tiene interruptor, es el principal, el que se va a conectar a la pared y el que no se va a apagar. Todo lo que está conectado ahí es importante: el router, el portátil de las descargas y la otra base de enchufes.

La base de seis enchufes es la secundaria. Cuenta con un interruptor para poder apagar todos los dispositivos y lleva conectada las fuentes de alimentación de los dos discos duros externos (en una palabra: backup) y la de la impresora. Ahí irán los cargadores de macbook y el del móvil, si hace falta. Con todo eso, todavía quedan un par de enchufes libres para otras cosas.

Como fui incapaz de encontrar la tabla de madera que utilizó Van Mardian, tuve que practicar yo los agujeros. Y, por supuesto, el resultado final no es, ni remótamente parecido al del bueno de Van. Soy pintor de brocha gorda. Con un taladro inalámbrico y un kit de reparación comprado en los chinos (sigo sin saber qué reparaba con una broca del 6), la madera opuso poca resistencia. Después, se fijan fuertemente los cacharros con bridas y el resultado, sin darle la vuelta, es magnífico.

Al colocarlo en su sitio y ver la mesa despejada, uno se da cuenta de que ha valido la pena.