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fotografía – niños

No sabía que fuese a dar tantas vueltas una foto hecha para un concurso de un grupo de flickr, cuyo lema era Electrodomésticos. Tras mucho pensar (¡con lo que duele!) y darle vueltas al lado más bonito de los cacharros que tengo por casa, me decidí a hacer la foto mirando a la batidora como una flor, como un lirio blanco sobre un fondo negro. Sólo hicieron falta una camiseta negra, un sofá y seis instantáneas. Al disparar la última y ver en el visor el resultado, di por finalizado el montaje.

Lo curioso vino luego, semanas después, cuando una compañera de trabajo me comentó que le había gustado la foto y que si podría hacerles unas cuantas más a sus hijos, unos mellizos de siete meses, para las invitaciones del bautizo. No tuve que pensarlo mucho y acepté, entre divertido y acojonado.

El día del evento, los padres habían preparado en una habitación un pequeño decorado con un fondo liso de color granate, un suelo blando para los pequeñajos y casi todos los juguetes de ambos a mano, listos para servir de refuerzo. Subí persianas buscando luz, iluminé un poco más el estudio con una lámpara de pie (no utilicé el flash en ningún momento porque dicen que no es muy bueno y, sobre todo, porque se asustaban) y tiré un par de fotos de ajuste, para comprobar los valores de la cámara. A continuación, entraron en escena los niños.

La niña, protagonista suprema del acto, no dejó de mirar a cámara en ningún momento, a caballo entre una mirada retadora y divertida, por todo cuanto sucedía a su alrededor. El niño, por contra, fue más a su aire y conseguir un primer plano suyo mirando al frente fue una de las grandes metas del día. Ella, además, quería todo lo que cogía su hermano y no paraba hasta conseguirlo, enfadándose y chillando, mientras que el, con dolor de dientes, bastante tenía con olvidarse de las encías con un mordedor frío y soportar estoicamente a su hermana.

Fueron más de trescientas setenta fotos en una hora, en ráfagas de nueve fotos cuando el encuadre y los niños lo permitían, tirado por el suelo y oyendo a un palmo sobre mi cabeza los sonajeros y juguetes de los niños pero, sinceramente, creo que ha merecido la pena y que volvería a hacerlo. Obviamente, no todas las fotos valen y ahí es donde entra el trabajo de postproducción, filtrando, variando algunos valores e, incluso, haciendo recortes para llamar la atención sobre la escena. En resumen, ha sido divertido, estimulante (los retos siempre lo son) y muy satisfactorio. Ahora sólo queda esperar que los padres piensen igual y encuentren una foto (o dos, o tres) que les guste.

Algunos enlaces útiles con los que pude salir indemne de esta batalla:

Y el resultado:

Peques - 4

Peques - 3

Peques - 2

Peques - 1

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