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edificios abandonados por Sevilla | fotografía

Ayer, en pleno Madríd-Barça, unos cuantos chiflados del grupo Photowalk Sevilla nos fuimos a hacer fotos a un complejo militar abandonado en Sevilla Este, junto al aeropuerto. Se trata de un complejo militar del ejército americano y nos centramos en la parte hospitalaria, concretamente nos metimos en el edificio general del complejo hospitalario y en el ala de psiquiatría y maternidad (una mezcla explosiva). Después visitamos un taller, un edificio que no sé a qué se dedicaba y la piscina al aire libre del complejo.

Abandoned buildings by diego martínez castañeda on 500px.com

Además de legal (no hay vallas ni prohibición explícita alguna), fue divertido y muy didáctico y pudimos disfrutar del entorno y del atardecer, que nos regaló un cielo rojo precioso.

Como anécdota, cuando estábamos llegando al extremo del ala de maternidad escuché unos gritos y, creyendo que eran los del airsoft, fui a advertirles que estábamos allí para no convertirnos en daños colaterales. Al acercarme a la ventana vi a una docena de chavales que salían corriendo, despavoridos, en dirección a la ciudad. Cuando me vieron, se calmaron y volvieron. Estaban en la planta baja y nosotros, casi veinte, caminábamos por la primera planta hablando, haciendo ruido y moviendo escombros al pasar y creyeron que éramos, literal, espíritus o algo así y cuando me arrimé a la ventana, huyeron.

He puesto las mejores fotos en una galería de 500px.com, Abandoned buildings. La que más me gusta, la única lámpara del taller que todavía no habían destrozado del todo, preside esta entrada y la tomé colocándome justo debajo y se pueden ver lo que creo que son marcas de las bolitas de airsoft.

fotografía — IX photowalk Mérida: Aljucén Rural Edition

Fue el primer Photowalk que no organicé personalmente, el primero de caracter rural y el primero nocturno, con lo que tenía buenos mimbres para ser divertido. Y lo fue.

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Bajo la batuta de María José, nos pasamos casi cinco horas en Aljucén, un pequeño pueblo cercano a Mérida donde localizamos un par de sitios para sacar fotos antes de ir a cenar. Después, ya entrada la noche, nos dirigimos al cuartel de la Guardia Civil, que está abandonado, y estuvimos probando a iluminar la fachada con linternas, a disparar con largas exposiciones y, lo más divertido de todo, a sacarnos fotos como si fuésemos un grupo de pop de los ochenta que está haciendo una portada de disco. El patio del cuartel, oscuro y tétrico daba mucho juego y con un par de linternas estuvimos entretenidos casi una hora.

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Al final, salió tan bien que no descarto seguir haciendo photowalks rurales y, por ejemplo, probar una noche de luna con largas exposiciones. De ser así, prometo buscar una fórmula para calcular el tiempo de apertura del obturador según el objetivo y la luz que haya y no sólo comentarlo de pasada.

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Aunque, a veces, el ensayo-error sale bien.

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Todas las fotos en el set IX Photowalk Mérida de flickr.

fotografía — la boda de Eva y Lolo

Que en pleno mes de agosto y viviendo en la provincia de Badajoz te digan que tienes uno de esos eventos ineludibles donde hay que lucir traje, corbata y calcetines te deja, literalmente, seco. Y cuando me dijeron que se trataba de la boda de mis cuñados de Getafe y me preguntaron si me importaría llevar la cámara de fotos, la respuesta fue obvia: ¡la iba a llevar de todas formas!

Calores aparte, tuve la oportunidad de acompañar a los recién desposados a la sesión de fotos y aprender unas cuantas cosas de un fotógrafo profesional y, ya que estaba, sacar provecho de la localización y los modelos.

La mejor parte de no tener que hacer las fotos oficiales es, sin duda, la posibilidad de capturar la intrahistoria de la boda, desde el interior de la familia de uno de los novios. En su día, en la boda del hermanín, lo llamé «las fotos de la antiboda» y te permite recoger momentos previos, cuando no hay fotógrafos cerca, gestos cotidianos vestidos de gala y momentos de humor y relax que, normalmente ese día no tienes.

Si, además, el antifotógrafo se dedica a decir chorradas y pedir tonterías, pasan cosas como esta, donde Lolo emula al chico Martini, haciendo poco caso al sufrido fotógrafo.

momento martini

O, mi favorita del día, que explica, en una imagen, cómo transportar un vestido de novia con estilo e imitando a Marilyn Monroe.

jugando con el vestido

Stockholm

«Estocolmo lo componen catorce islas», me dijo eme en el avión, de camino a la capital de Suecia y no me extrañó porque todo el vuelo había transcurrido sobre lagos. Más tarde descubrimos que la mayor parte del tiempo que pasamos en la ciudad, lo hicimos rodeados de agua o, directamente, sobre ella.

panorámica de Gamla Stan desde un barco

A pesar de estar construida a caballo entre la tierra y el agua, la ciudad es inmensa y cuenta con todo tipo de comodidades para moverse. Como no, las bicicletas siempre son la mejor opción pero, también hay metro, tranvía, autobuses y taxis. A pie, si uno está en buena forma física, puede ser la mejor alternativa.

Como es la ciudad más grande de todas las que íbamos a visitar en Escandinavia, decidimos pasar más tiempo allí que en ninguna otra y reservamos cinco días casi completos. Y mereció la pena. La primera noche, dimos un largo paseo hasta el final de la isla de la Ciudad Vieja (Gamla Stan) y, de vuelta al hotel, el Ayuntamiento aparecía especialmente brillante entre el agua y las nubes.

Gamla Stan es una pequeña isla, prácticamente peatonal, que merece ser recorrida de arriba a abajo unas cuantas veces. Así, entre lluvia, restaurantes de lo más variopinto y el museo de Alfred Nobel, uno se puede encontrar tiendas de souvenir, de juguetes o de discos y libros. Pasear por la mañana de un día laboral garantiza que todos los transeuntes sean turistas (mayoritariamente chinos) y hacerlo por la noche, es garantía de tranquilidad y sosiego.

en el Palacio Real de Estocolmo

En una ciudad (y un país) donde hace cincuenta años definieron la forma de hacer los pisos del resto de Europa, con sus ventanas, su pequeña terraza y algo de jardín para que jueguen los niños, absolutamente todo está ordenado y en su sitio. Tanto es así que me extrañó que las islas no estuvieran ordenadas alfabéticamente.

Tras la segunda Guerra Mundial, el partido que gobernó lo hizo durante cerca de cuarenta años y le dio al país el concepto de estado del bienestar que abanderan hoy. En los setenta, cambió el gobierno y el nuevo jefe se encargó de continuar con las ideas del anterior. Exactamente igual que en España, donde lo primero que se ven son las guadañas. Escuchamos esta historia en el barco turístico que rodea Estocolmo y, sobre la marcha, empezamos a pensar en pedir asilo.

tiovivo muerto

Las islas más cercanas al centro de la ciudad tienen un cometido, una función. Al otro lado del museo de Historia Natural está Skeppsholmen, con el museo de Arte moderno y unas extrañas esculturas al aire libre que recuerdan vagamente a Curro, el de la Expo de Sevilla. Djurgarden, por el contrario, tiene un parque temático de casas suecas desde 1100 hasta 1850, un recinto con animales típicos del país, el museo del Vasa, un galeón que se hundió el día que lo botaron y que resulta inmpresionante y unos cuantos museos más. Gamla Stan, además, alberga el Palacio Real y el parlamento.

piedra rúnica en Djurgarden

Como estaba previsto, caminamos mucho, recorrimos una gran parte de la ciudad a pie y degustamos algunas de las delicias locales, unos arenques crudos en varias salsas con sabor a Baron Dandy, que volvieron a conseguir que eme pusiera cara de asco durante una cena completa.

Aún así, para tratarse de una ciudad prácticamente desconocida y de la que apenas tenía referencia (ABBA no cuenta como tal), volvería para quedarme sin ninguna duda.