Archivos diarios: 18 enero, 2008

3 entradas

Leoncio

El primer coche que recuerdo fue un Mini naranja en cuyos asientos de plástico, el verano y los horribles pantalones cortos que debía vestir, se me pegaban las piernas. Luego vinieron el Simca 1200 de güelito, que comparado con el Mini era lo más parecido al Queen Elizabeth II, el Renault 5 que todavía, en algunas noches sin luna se me aparece en sueños y me susurra preciosos cantos de sirena y, desde hace casi siete años, Leoncio está cual fiel escudero, a mi lado, pendiente y solícito. Leoncio es un Peugeot 206 y, mañana sábado va a cambiar de dueño.

En frío, sin pensarlo demasiado, es la solución más racional y lógica. Deshacerse de un coche, un seguro y el alquiler de un garaje, para alguien que puede disponer de otro coche y una moto en exclusividad, no debería ser ningún problema. No debería. El problema es que no todo es tan racional, tan aséptico ni sirve para amortiguar la sensación de caida.

En esta sociedad consumista y consumida, el día en que te compras tu primer coche está a la misma altura que la noche en que descubres porqué los asientos de éstos suelen ser tan abatibles. Leoncio, al igual que el Cinco (así, con mayúsculas y sin marca), fueron mis compañeros de viaje durante los últimos trece años y eso, sin duda, son demasiadas vivencias para archivar. En esta ocasión, como sucedió con el Cinco, el borrón y la cuenta nueva no es una opción.

leoncio, peugeot, 206, coche, renault, cinco

sin reproches

Con motivo de mi divorcio se me planteó la disyuntiva de renunciar a la ruptura o aceptar la excomunión. Según las normas de la Iglesia, ser católico era incompatible con ser divorciado, de modo que tuve que elegir entre mi confesionalidad y mi conveniencia. No dudé un solo instante. Sabía que el íntimo dolor de ser excomulgado no podía ser peor que el de renunciar a mis propios deseos. Jamás me arrepentí de mi decisión y no creo haberle hecho un solo reproche a la Iglesia Católica. Sus normas no encajaban con mis intereses, eso era todo.

Dios sin hilos, de José Luis Alvite.

citas, jose luis alvite, alvite, aspero y sentimental, iglesia, excomunion

un buen motivo

Hace unos años, cuando me cambié de provincia, me traje a mi hermano menor unos días a Badajoz, en pleno agosto y con más de cuarenta y cinco grados de media diaria. Fueron días intensos para ambos en los que él aprovechó para perderse literalmente por la ciudad, llamar a eme y, cual GPS, pedirle su localización exacta. ÿl sí pudo usar la piscina que yo dejé practicamente intacta y sí pudo conocer, de primera mano, la vida de estudiante con posibles. Yo, por el contrario, le hice más bien poco caso, ocupado como estaba con mi nueva vida, mi nuevo trabajo y mi recién adquirido estatus de jefecillo con ínfulas. Aquella experiencia terminó al quinto día, de mañana, cuando el hermanín decidió que era el momento de volver al norte, al pie del Cantábrico. El calor opresivo, viscoso de Badajoz aquel verano y una reunión de comunidad decidió por ambos y, a media mañana, le vi partir en un autobús hacía casa. Esa misma noche, por teléfono, me juro y perjuró que nunca, bajo ningún concepto, volvería a embarcarse en un autobús si el trayecto superaba la hora y media. Jamás.

Esta tarde, mi padre y el hermanín cogerán un autobús desde Gijón que los dejará, diez horas después y a las tantas de la madrugada, en mitad de Mérida. Mañana sábado, a eso del medio día y ya recuperados del viaje, le regalaré mi coche a mi hermano, con el que volverán a Gijón el domingo. Todo un rally por etapas, entre Gijón y Mérida, en poco más de dos días. A mí personalmente, leoncio (así se llama el coche), me sigue pareciendo un buen motivo para romper una promesa tan radical como la suya y para hacerlo, ¡cómo no!, con nervios y sonrisas, como si hoy, dieciocho de enero, fuese en realidad la mañana de Reyes.

peugeot 206, coche