dándome de baja

Hoy, definitivamente, me cansé de pertenecer a muchas de las listas de correo de Debian, de estar al tanto de lo que se dice en ellas, colaborar en la medida de mis posibilidades pero, sobre todo, de que terminen llenándome el buzón del correo con seiscientos mensajes diarios.

Siendo justos, sería conveniente decir que hace años que no administro en serio una máquina, que todo lo que hago tiene más que ver con la gestión y el mantenimiento de ordenadores de sobremesa y que, últimamente, no hace más que crecer en mí la impresión de que no volveré al viejo y conocido camino de los servidores. Así que, muerto el perro, se acabó la rabia y esta tarde comencé la árdua labor de darme de baja de las listas de debian que no me interesaban. Árdua porque, aunque el proceso es sencillo, estaba suscrito a dos docenas de listas con tres posibles direcciones de correo. Así que me pasé un buen rato mirando los filtros de gmail, marcando casillas en la página de desuscripciones, recibiendo correos, respondiendo correos y, con el fallo, volviendo a comenzar con otra dirección.

Pero, que no cunda el pánico, uno no es un ser desalmado y no me he dado de baja de todas las listas, sigo estando presente en las de usuarios, la inglesa y la española. No me hizo falta pensarlo mucho porque llevo demasiados años apuntado ahí y, este sí, creo que sería un paso demasiado grande, de esos que terminan por volverse contra uno.

Así que, tras darme de baja de casi veinte listas de correo, me propuse borrar todo ese espacio de más en la cuenta de gmail y… sorpresa, ¡llenaban la mitad del espacio! de un 79% de ocupación he pasado a un 28%. Ahora, para poder concentrarme en lo realmente importante, recibo unas cuantas decenas de correos de las listas y un puñado de ellos personales. Nada que ver con los seiscientos y pico diarios, entre unas cosas y otras.

¿A qué dedico éste tiempo libre?

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