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dándome de baja

Me he dado de baja de las listas de correo de debian, tras una quincena de años afiliado. Y, para qué negarlo, me ha dolido un poco. Ha sido mucho tiempo recibiendo correos, respondiendo y tratando de aportar algo, por poco que fuese, al proyecto. A través de estas listas (estaba suscrito a varias, en español e inglés y se tocaban todo tipo de temas), he conocido a gente interesante, generosa y volcada con ayudar a los demás, algo bastante raro hoy en día.

Cuando comencé a seguirlas eran la fuente de información más potente y fiable sobre debian, donde siempre encontrabas una mano amiga y un comentario salvador. Poco a poco adquirías confianza y entonces eras tú el que ayudaba a otros y te metías hasta las cejas en el mundo del software libre y de debian. Tengo que reconocer que durante una temporada fue una adicción.

Me he dado de baja, principalmente, por dos motivos: porque hacía algún tiempo que no estaba en la conversación, que no aportaba nada y porque las preguntas se han vuelto repetitivas hasta en las malas formas. Al igual que sucedió con los grupos de usuarios de linux, las funciones de las listas de correo se han visto bastante mermadas, en favor de otras fuentes de información y han quedado como los últimos reductos de desarrolladores.

Al volver de vacaciones me propuse hacer limpieza en gmail y me di cuenta de que hace un tiempo que no leo los correos, que tengo un filtro que los archiva para que sólo tenga que marcarlos como leídos, sin culpa alguna, cuando se amontonen demasiados. Eché la vista atrás y vi que era la tendencia, el marcar sin leer, de los últimos seis u ocho meses y, por mucha pereza que me daba, decidí terminar de una forma elegante.

Espero, de verdad, tener que recular y volver a inscribirme en alguna de las listas de correo, entonando el mea culpa. Será un día feliz.

el premio

Desde hace un tiempo, unos meses, me entretiene mucho pasar por la papelera del correo, ese lugar donde termina el SPAM que algún ruso tiene a bien enviarme. Haciendo recuento del último mes, creo que son trescientas las tarjetas y cuentas del BBVA en las que han cambiado la contraseña, mil y pico cajas de vi4gra realmente baratas y alguna que otra viuda de un honesto político sudanés que quiere que le ayude con unas finanzas. Mentiras, en su mayoría, que de puro repetitivas e, incluso, inocentes ya no resultan creíbles. No soy un tipo con tanta suerte como para que me surjan estas gangas.

Pero esta mañana había un correo en la etiqueta de spam con el que me he reído un buen rato. Por la cantidad desmesurada del premio, medio millón de dólares yankis que, según ellos, me había tocado en un sorteo perfectamente legal (¿cómo iba a ser sino?). Pero lo más hilarante ha sido la empresa que otorga el premio: Microsoft.

premio

Seguro que, buscando a algún cliente agradecido y puntual en los pagos, me han encontrado a mí. Con lo bien que hablo de sus productos y sus sistemas operativos. Seguro. Y la tierra es plana y termina un poco más allá de Finisterre.

haciendo gmail más potente

gmail con etiquetas anidadas

Tras varios días de lucha con los filtros, las etiquetas y los cuatro gigas de correo que tengo en Gmail, he conseguido, creo, organizar ese maremágnum de datos dentro de una estructura más sencilla y legible de seguir. Hasta ahora tenía seis etiquetas simples y docena y media de filtros que organizaban y movían el correo de unas a otras. Supongo que gracias a la costumbre, la tenía como una buena organización. Bastó con mirar detenidamente los filtros para ver que estaba equivocado.

A principios de semana leí la entrada 7 útiles extras para mejorar tu Gmail de Berto Pena, mi referencia en esto del aprovechamiento del tiempo y la búsqueda de la producción (esa utopía), y decidí que tenía que hacer algo. Y es que, emplear la interfaz de correo online más potente que he visto, de una forma tan pobre me estaba dejando secuelas. Así que comencé por pensar qué etiquetas necesitaría y, tras crearlas anidadas (moooola), borré todos los filtros.

Así, partiendo de cero y creando sólo los filtros necesarios para mover el correo allí donde tiene que ir, creo que he ganado bastante. No tiene sentido tener las copias de seguridad diarias (sí, soy así de paranoico) de tres de las cinco web separadas del resto y guardadas junto a comentarios, peticiones y demás. Ahora tengo etiquetas para cada dominio y otra para las copias de seguridad, amigos, compras y demás. Y sólo me ha llevado tres tardes… 😛

dándome de baja

Hoy, definitivamente, me cansé de pertenecer a muchas de las listas de correo de Debian, de estar al tanto de lo que se dice en ellas, colaborar en la medida de mis posibilidades pero, sobre todo, de que terminen llenándome el buzón del correo con seiscientos mensajes diarios.

Siendo justos, sería conveniente decir que hace años que no administro en serio una máquina, que todo lo que hago tiene más que ver con la gestión y el mantenimiento de ordenadores de sobremesa y que, últimamente, no hace más que crecer en mí la impresión de que no volveré al viejo y conocido camino de los servidores. Así que, muerto el perro, se acabó la rabia y esta tarde comencé la árdua labor de darme de baja de las listas de debian que no me interesaban. Árdua porque, aunque el proceso es sencillo, estaba suscrito a dos docenas de listas con tres posibles direcciones de correo. Así que me pasé un buen rato mirando los filtros de gmail, marcando casillas en la página de desuscripciones, recibiendo correos, respondiendo correos y, con el fallo, volviendo a comenzar con otra dirección.

Pero, que no cunda el pánico, uno no es un ser desalmado y no me he dado de baja de todas las listas, sigo estando presente en las de usuarios, la inglesa y la española. No me hizo falta pensarlo mucho porque llevo demasiados años apuntado ahí y, este sí, creo que sería un paso demasiado grande, de esos que terminan por volverse contra uno.

Así que, tras darme de baja de casi veinte listas de correo, me propuse borrar todo ese espacio de más en la cuenta de gmail y… sorpresa, ¡llenaban la mitad del espacio! de un 79% de ocupación he pasado a un 28%. Ahora, para poder concentrarme en lo realmente importante, recibo unas cuantas decenas de correos de las listas y un puñado de ellos personales. Nada que ver con los seiscientos y pico diarios, entre unas cosas y otras.

¿A qué dedico éste tiempo libre?

adicto

Desde ayer por la tarde no puedo acceder a gmail. Para alguien adicto al correo electrónico como yo, alguien que tiene que comprobarlo cada poco, estas doce horas están siendo un martirio. Vale que utilizo la versión americana para poder tener todas las tonterías nuevas (es decir, las que fallan), que le he cambiado un poco la cara y que apenas si se reconoce pero, en serio, necesito comprobar mi correo.

Antes, hace unos años, mi adicción era más seria y los acceso al servidor de correo eran cada cinco minutos como mucho pero, ahora que soy un hombre nuevo, puedo aguantar sin comprobar el correo un par de horas. ¡Un par de horas, no doce!

PD acabo de acceder con otra cuenta de correo, una extraoficial para las comprobaciones de seguridad como esta. Sea lo que sea, está en mi perfil. Esto tiene muy mala pinta…

Actualización: al final, tras veinte horas sin correo electrónico (el resto de servicios de google funcionaban de perlas), la razón de mis desvelos volvió. Y eso que había visto en los grupos de noticias que gmail que restaurarían el servicio a las 18:00 del 16 de octubre… ¡hora del Pacífico! Al final, todos contentos y yo con unos cuantos parches antiestrés.

fresas con ketchup

El correo en la lista de Debian tiene un título sencillo pero que deja (o dejó) marca en aquellos que intentamos incluir ambos sistemas operativos bajo la misma carcasa. Debian with Vista. Simple, sencillo, directo… imposible.

La primera respuesta, en la frente (la traducción es, una vez más, mía):

I give up. Strawberries with ketchup? Anchovies with peanut butter?

Yo lo abandoné. ¿Fresas con ketchup? ¿Anchoas con mantequilla de cacahuete?

Llevo años integrando Debian en las más variopintas máquinas, con los más extraños sistemas operativos y el lío que hay que montar con el último retoño de Microsoft es, a todas luces, excesivo. La última vez y para evitar perder demasiado tiempo, limpié el disco duro, instalé el sistema operativo de nuevo y finalicé con Debian. Gracias a ello, perdí la garantía de Vista pero gané semana y pico de dolores de cabeza.

Lo dicho, para quien lo quiera. Yo me quedo con las anchoas en mantequilla de cacahuete.

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