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sin pisar un crucero

El infalible Jesús Terrés lo vuelve a clavar, literalmente. En esta ocasión ha hecho una lista de cosas que llevar a cabo cuando uno se va de viaje. Algunas, como siempre en cualquier lista que no sea propia, son discutibles pero, aún así, son sólo una o dos. El resto son de obligado cumplimiento. Pongo aquí algunas de que más me han gustado:

  • Viajamos por las razones equivocadas. (…) Viajar pese a todo, pese a que «se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte».
  • Guarda el móvil, joder. Así, clarito y con taco.
  • No necesitas ninguna guía. Se esta perdiendo el gusto por perderse, valga la redundancia. No siempre hay que estar localizado ni saber la calle en que te encuentras, ¡ni saber el nombre del barrio!
  • El miedo forma parte del viaje. Es completamente cierto. Personalmente no recuerdo ningún viaje en que, como poco, tuviese dudas o preocupaciones. A toro pasado, los que más miedo me daban fueron los mejores.
  • No necesitas una agencia de viajes. Nada que añadir…
  • Viajar solo. Al menos una vez en la vida habría que probarlo.
  • Puedes morir tranquilo sin pisar un crucero. No pasará nada. Dedicada, con cariño, a eme…
  • Muere lentamente quien no viaja, ni lee, quien no sueña, quien no confía, quien no lo intenta. ¡Amén!

La lista completa, en su blog de RevistaGQ.

los deberes para el verano

No sé muy bien cómo, hace unos días llegué a una lista de libros de ciencia ficción que, según reza el título, todo geek debería leer y, por supuesto, la abordé como si fuesen los deberes para el verano. Son trece libros los que recomiendan, algunos de los cuales ya había leído (varias veces, incluso) y que me han permitido avanzar en un género de la literatura que no solía gustarme.

Siempre fui reacio a leer libros de ciencia ficción porque creía (erróneamente) que con la novela tendría más que suficiente y, durante un montón de tiempo, así fue. Hasta hace seis meses. Entonces cayó en mi ebook El juego de Ender y me hizo maldecir mi cabezonería por todo lo que me estaba perdiendo. Y así, poco a poco, he ido poníendome al día con el género.

La lista es la siguiente:

  1. Yo, Robot
  2. El juego de Ender (*)
  3. Metro 2033
  4. El círculo
  5. La Guía del Autoestopista Galáctico (*)
  6. El viejo Marte
  7. Ready Player One (*)
  8. Dune
  9. La máquina del tiempo (*)
  10. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (*)
  11. 1984 (*)
  12. Un mundo feliz (*)
  13. Fundación

(*) leído

Nada más ojear la lista me llamó la atención un título y una portada, Ready Player One. Desde pequeño me han gustado los videojuegos y ver en la portada a un Space invader anuló automáticamente al resto de libros. No tardé casi nada en tenerlo disponible en el lector y, aquella misma tarde comencé a leerlo.

Y sucedió que disfruté como un enano. A ratos me reía solo, me movía en el asiento como intentando evitar una patada invisible o perdía la noción del tiempo leyendo. Me divertí con un libro que trata sobre los ochenta, los videojuegos y la cultura pop de aquellos años porque, en cierto modo, estaba allí y reconozco muchas de las cosas que se cuentan a pesar de tratarse de otro país. Es sencillo meterte en una historia cuando la reconoces como propia y más si está estupendamente contada, tiene ritmo y engancha desde el primer momento. Lo difícil fue terminarlo, por mucha cara de gilipollas que tuviese en el momento.

Al contrario que los cuadernos de deberes y libros con ejercicios de aquellos veranos infantiles, esta lista de deberes espero haberla completado antes de septiembre.

dándome de baja

Hoy, definitivamente, me cansé de pertenecer a muchas de las listas de correo de Debian, de estar al tanto de lo que se dice en ellas, colaborar en la medida de mis posibilidades pero, sobre todo, de que terminen llenándome el buzón del correo con seiscientos mensajes diarios.

Siendo justos, sería conveniente decir que hace años que no administro en serio una máquina, que todo lo que hago tiene más que ver con la gestión y el mantenimiento de ordenadores de sobremesa y que, últimamente, no hace más que crecer en mí la impresión de que no volveré al viejo y conocido camino de los servidores. Así que, muerto el perro, se acabó la rabia y esta tarde comencé la árdua labor de darme de baja de las listas de debian que no me interesaban. Árdua porque, aunque el proceso es sencillo, estaba suscrito a dos docenas de listas con tres posibles direcciones de correo. Así que me pasé un buen rato mirando los filtros de gmail, marcando casillas en la página de desuscripciones, recibiendo correos, respondiendo correos y, con el fallo, volviendo a comenzar con otra dirección.

Pero, que no cunda el pánico, uno no es un ser desalmado y no me he dado de baja de todas las listas, sigo estando presente en las de usuarios, la inglesa y la española. No me hizo falta pensarlo mucho porque llevo demasiados años apuntado ahí y, este sí, creo que sería un paso demasiado grande, de esos que terminan por volverse contra uno.

Así que, tras darme de baja de casi veinte listas de correo, me propuse borrar todo ese espacio de más en la cuenta de gmail y… sorpresa, ¡llenaban la mitad del espacio! de un 79% de ocupación he pasado a un 28%. Ahora, para poder concentrarme en lo realmente importante, recibo unas cuantas decenas de correos de las listas y un puñado de ellos personales. Nada que ver con los seiscientos y pico diarios, entre unas cosas y otras.

¿A qué dedico éste tiempo libre?

fresas con ketchup

El correo en la lista de Debian tiene un título sencillo pero que deja (o dejó) marca en aquellos que intentamos incluir ambos sistemas operativos bajo la misma carcasa. Debian with Vista. Simple, sencillo, directo… imposible.

La primera respuesta, en la frente (la traducción es, una vez más, mía):

I give up. Strawberries with ketchup? Anchovies with peanut butter?

Yo lo abandoné. ¿Fresas con ketchup? ¿Anchoas con mantequilla de cacahuete?

Llevo años integrando Debian en las más variopintas máquinas, con los más extraños sistemas operativos y el lío que hay que montar con el último retoño de Microsoft es, a todas luces, excesivo. La última vez y para evitar perder demasiado tiempo, limpié el disco duro, instalé el sistema operativo de nuevo y finalicé con Debian. Gracias a ello, perdí la garantía de Vista pero gané semana y pico de dolores de cabeza.

Lo dicho, para quien lo quiera. Yo me quedo con las anchoas en mantequilla de cacahuete.

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lista de deseos para el 2007

Un clásico del último día del año o, por lo menos, el último día que cuento con conexión a internet, las listas de cosas por hacer, las listas de deseos o wishlists. Ya puestos, voy a poner las dos anteriores, para comparar.

La lista para el 2007

  • perderme diariamente en mi cuello favorito.
  • olvidar. La hipoteca, las dudas, algún que otro miedo, alguna actitud, un par de fobias, a quien no me importa…
  • recordar. A la gente que me importa.
  • volver a Londres, pero esta vez con eme. ÿste sí es un clásico de estas fiestas y no el turrón duro.
  • aprender algún lenguaje de programación que me sea útil (p.e. Perl). Un clásico que nunca debe faltar en mi lista de año nuevo.
  • renovar mi perfil laboral, aprender día a día y evolucionar. Ya se sabe, renovarse o morir…
  • sonreir más y reir a carcajadas, por lo menos, una vez al día.
  • álgebra. No sé porque, sólo sé que sigue siendo una obsesión, una necesidad así que ocupa el último lugar, pero está en la lista.

La lista para el 2006 (las tachaduras son nuevas).

  • despertarme reflejado en unos brillantes ojos verdes. Mientras eme y la hipoteca quieran…
  • aprobar tercero de inglés (de una puñetera vez)
  • aprobar álgebra en la UNED (y me corono). ¡Ejem! En ello estoy… paciencia.
  • aprender algún lenguaje de programación que me sea útil (p.e. Perl). Este es un deseo a largo plazo :D.
  • seguir sonriendo y recitando la media docena de refranes que consiguen devolverme cierta fe en parte del género humano. Incluso he aprendido alguno nuevo…
  • sacar el carné de moto y comprar una de seiscientos centímetros cúbicos. Sigue soñando…
  • disfrutar trabajando. Vale, este era un deseo sin mucha fuerza, sabía que no iba a cumplir, pero con el año nuevo ¿quien no sueña un poco? Básicamente, me aburro.
  • hacer más deporte, más montaña, más natación y más fútbol.
  • vivir un poco más la vida y no pensar en cómo me gustaría vivirla
  • ser más amigo de mis amigos. Creo que sí, que ahí estoy todavía, lejos pero firme como un roble.

La lista para el 2005

  • volver a Londres, pero esta vez con eme. Sigue siendo la primera de la lista y no sin motivo. ¿Cúando? Ni idea, no tengo prisa. Como si tiene que encabezar las próximas diez listas…
  • comer sushi
  • leer Guerra y paz, de Tolstoi, que languidece en la estantería.
  • aprender algún lenguaje de programación serio (perl, python) y dejar de lado al bash.
  • sonreir más
  • squash, tenis, fútbol, lo que sea, pero que sea deporte
  • hacer funcionar la palm con linux, mediante infrarrojos.

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