familia numerosa

La semana pasada ya hicieron un primer acercamiento en forma de mini vacaciones en Mérida. Belén dijo que iba a pasar unos días estudiando con nosotros y nosotros, ilusos, nos lo creímos. Al final, los apuntes languidecieron sobre una mesa, ignorados y menospreciados a partes iguales, mientras la estudiante apuraba los últimos días de agosto como si no hubiese un mañana.

Quizá por eso no nos extrañó verla ayer de nuevo por Mérida, esta vez con Alicia, cargadas con una maleta llena de papeles, apuntes y libros. «Nos quedamos hasta el viernes, que tenemos que estudiar». Otra vez, como hace año y medio, volvemos a ser ciento y la madre en lo más parecido que conozco a un piso de estudiantes, tenemos que hacer turnos para usar los baños por donde los cepillos de dientes ya campan a sus anchas y el departamento de suministro e intendencia del tercero C empieza a flaquear.

Menos mal, le decía ayer a eme, que por lo menos estos ya vienen creciditos y criados y no nos piden el coche.

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