peter pan

Hace unos días terminé de leer Peter Pan, el libro para niños que James M. Barrie escribió hace más de cien años y que la Disney se encargo de difundir por todo el mundo cincuenta años después y lo hice con pena porque, a pesar de racionarlo como si fuese agua en alta mar, a pesar de permitirme leerlo únicamente en días alternos, el libro llegó a su fin.

A nadie le voy a descubrir el argumento mil veces contado del niño que no quería crecer pero sí el libro, un texto fantástico que nunca da la sensación de ser una novela o un libro de piratas, sino que más bien evoca a un cuentacuentos declamando en una habitación oscura, rodeado de niños instantes antes de dormir. De hecho, tiene cierta picardía al adelantar acontecimientos y al preguntar al lector qué camino tomar.

En definitiva, una delicia de libro que, no por conocido, deja de sorprender y maravillar. Un juego constante y un montón de aventuras de niños que no conocían la televisión, ni las consolas y a los que la oscuridad todavía era capaz de aterrorizar.

Más información, en la wikipedia.

peter pan en kensington gardens

Nota nostálgica: Hace años, mientras paseaba perdido por Londres, terminé en unos jardines frente al Savoy rodeado de ingleses en su afternoon que comían sandwitches y caminaban descalzos por la hierba y me dí de bruces con la estatua de la foto. Tardé unos instantes en reconocer al bueno de Peter Pan porque no se parece al que conocía por aquel entonces, el de los dibujos animados, pero el flechazo fue instantáneo.

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