trece

Algunas series americanas sólo tienen trece capítulos por temporada. Sí, parece un número fácil de recordar con todo eso de las supersticiones que lleva a cuestas pero, en mi caso, parece que no termino de coger el concepto.

Me pasó ayer, de nuevo, con Mad Men. Comencé a ver el capítulo trece con la estúpida idea de que todavía me quedaban otros tantos por degustar, con los que disfrutar como un enano y resulta que no. Me encontré con un escueto mensaje de los traductores que me dejó el ánimo por el suelo: Nos vemos la temporada que viene. Antes me había pasado con Damages, con la primera temporada de Mad Men, allá por el mes de abril y con Dexter, que me mantuvo mes y medio persiguiendo a un hipotético decimo cuarto episodio.

La parte divertida del asunto es que siempre me ha gustado este formato para una serie. La ventaja de tener un número tan reducido de capítulos es que hay menos tramas, pero son más concisas, apenas tienen artificios, dobles saltos mortales de guión ni tonterías. Todo lo que te quieren contar está en esas trece horas y, visto desde el punto de vista del guionista, puede ser muy poco tiempo. En otras palabras, duran lo justo para no dar demasiados paseos por ÿbeda.

Pero que te pillen por sorpresa, temporada tras temporada, resulta ciertamente perturbador. Personalmente quiero creer que sólo me pasa con un puñado de series, las que más me gustan y con las que más fácilmente conecto. Si al final, como siempre, todo está en mi cabeza.

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