mad men

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resultarle familiar

–Mira a toda esta gente bailando con mi música.
–¿Quieres bailar?
–No creo que debamos.
–Desde luego parece que tú quieres bailar.
–¿Tú y yo en el centro de la ciudad? ¿Tú con esa mirada en la cara?
–¿Qué mirada, nena?
–Dios, eres irresistible.
–¿Sabes lo que una mujer me dijo una vez? Me gusta ser mala e irme a casa y ser buena.
–Seguro que te dejó saciado.
–Fue un desastre.
–Y disfrutaste cada minuto. ¡Dios, echo eso en falta!
–Bueno, hay un caballero a las 7:30 que tiene pinta de querer bailar.
–¿Quién crees que es? ¿Publicidad? ¿Seguros? ¿Abogado? ¿Y quién crees que le estará esperando en casa? Apuesto a que no es fea. El único pecado que ha cometido es resultarle familiar.
–¿Entonces piensas que él tiene la culpa?
–¿Porque ella no sabe darle lo que quiere?
–Porque él no sabe lo que quiere, qué le falta.
–Lo sabe. Es simplemente su forma de ser.
–Y tal vez es simplemente la forma de ser de ella.
–Me voy a ir.

Mad Men — S05E10 — Christmas Waltz

Nota: no quiero estropearle a nadie una de esas series que dejan cicatrices, así que, lo digo bien claro,

¡ATENCIÿN, ESPOILERS!

Son diálogos como este, al abrigo de un bar, una jukebox y varias copas de alcohol, lo que hacen grandes series como Mad Men. Y es que, con la excusa de bailar, Don Draper y Joan Harris hablan de sus vidas amorosas sin dar detalles pero sin ocultar demasiadas cosas y, sobre todo, sin dejar de envolverse por el aura del otro.

En esa afirmación, el único pecado que ha cometido es resultarle familiar, rotunda, seca, brutal, Joan le cuenta más cosas sobre su matrimonio que en resto de temporadas. Porque, al final, todo se convirtió en rutina, todo fue demasiado familiar.

¡Yo quiero escribir diálogos así! Tan difícil no puede ser…

trece

Algunas series americanas sólo tienen trece capítulos por temporada. Sí, parece un número fácil de recordar con todo eso de las supersticiones que lleva a cuestas pero, en mi caso, parece que no termino de coger el concepto.

Me pasó ayer, de nuevo, con Mad Men. Comencé a ver el capítulo trece con la estúpida idea de que todavía me quedaban otros tantos por degustar, con los que disfrutar como un enano y resulta que no. Me encontré con un escueto mensaje de los traductores que me dejó el ánimo por el suelo: Nos vemos la temporada que viene. Antes me había pasado con Damages, con la primera temporada de Mad Men, allá por el mes de abril y con Dexter, que me mantuvo mes y medio persiguiendo a un hipotético decimo cuarto episodio.

La parte divertida del asunto es que siempre me ha gustado este formato para una serie. La ventaja de tener un número tan reducido de capítulos es que hay menos tramas, pero son más concisas, apenas tienen artificios, dobles saltos mortales de guión ni tonterías. Todo lo que te quieren contar está en esas trece horas y, visto desde el punto de vista del guionista, puede ser muy poco tiempo. En otras palabras, duran lo justo para no dar demasiados paseos por ÿbeda.

Pero que te pillen por sorpresa, temporada tras temporada, resulta ciertamente perturbador. Personalmente quiero creer que sólo me pasa con un puñado de series, las que más me gustan y con las que más fácilmente conecto. Si al final, como siempre, todo está en mi cabeza.