la sorpresa de marta

Tenía la mosca detrás de la oreja y algo en su cabeza no dejaba de advertirle que aquel viaje inesperado en autobús podía tener más explicaciones que las que recibió. Marta le dijo que iban a visitar a sus abuelos en un pueblo de Extremadura que linda con Córdoba y él, Ángel, se lo quiso creer. Tampoco dijo nada cuando le anunció que tendrían que hacer un cambio de autobús en Mérida, aunque a su lado más viajero, aquel que recorrió esa misma ruta durante año y medio, algo seguía sin cuadrarle. Ángel apenas se asustó cuando saltó el flash de la cámara de fotos, mientras se daba la vuelta con la maleta en la mano. Probablemente se lo veía venir. A su lado, Marta sonreía y gritaba ¡sorpresa!. Los abuelos éramos eme y yo.

Nos hemos reido, hemos vuelto a los sitios que compartimos años atrás en aquel mítico Badajoz y hemos hablado mucho y muy variado. De trabajo, de recuerdos, de futuro y de viajes. También hubo tiempo para romper algunas reglas, para comer sin mesura y para hablar de algún que otro interés friki. Hicimos todo lo necesario para asegurarnos que Los Putos Amos (C), cinco años después, habían vuelto.

En medio, una gran actuación en media docena de hospitales que me tuvo en alerta roja y con movilidad reducida gran parte del fin de semana. Sólo hicieron falta docena y media de correos electrónicos, varias llamadas y un par de conexiones por la red privada virtual. Por suerte.

Comparte este/a entrada

5 ideas sobre “la sorpresa de marta”

Los comentarios están cerrados.