badajoz

12 entradas

fotografía — la boda de Eva y Lolo

Que en pleno mes de agosto y viviendo en la provincia de Badajoz te digan que tienes uno de esos eventos ineludibles donde hay que lucir traje, corbata y calcetines te deja, literalmente, seco. Y cuando me dijeron que se trataba de la boda de mis cuñados de Getafe y me preguntaron si me importaría llevar la cámara de fotos, la respuesta fue obvia: ¡la iba a llevar de todas formas!

Calores aparte, tuve la oportunidad de acompañar a los recién desposados a la sesión de fotos y aprender unas cuantas cosas de un fotógrafo profesional y, ya que estaba, sacar provecho de la localización y los modelos.

La mejor parte de no tener que hacer las fotos oficiales es, sin duda, la posibilidad de capturar la intrahistoria de la boda, desde el interior de la familia de uno de los novios. En su día, en la boda del hermanín, lo llamé «las fotos de la antiboda» y te permite recoger momentos previos, cuando no hay fotógrafos cerca, gestos cotidianos vestidos de gala y momentos de humor y relax que, normalmente ese día no tienes.

Si, además, el antifotógrafo se dedica a decir chorradas y pedir tonterías, pasan cosas como esta, donde Lolo emula al chico Martini, haciendo poco caso al sufrido fotógrafo.

momento martini

O, mi favorita del día, que explica, en una imagen, cómo transportar un vestido de novia con estilo e imitando a Marilyn Monroe.

jugando con el vestido

tenía que contártelo

Hace un par de días recibí un email de una compañera de trabajo (y a pesar de todo, amiga) de Badajoz, de aquella primera época en Extremadura. Y me encantó. Porque, aunque la veo atravesada cada cierto tiempo en varias redes sociales y, de forma indirecta, sigo informado de su vida, hacía unos años que no hablábamos.

El acordarme en concreto de tí es porque mi futuro bebé va a llamarse Diego, y hoy escuché a Rafa decir: “no conocemos a ningún Diego, nos gustó”. En ese momento vino a mi cabeza mi querido informático asturiano, y tenía que contártelo.

Hacía mucho, muchísimo tiempo que no recibía buenas noticias por email. ¡Qué menos que dejar constancia! 🙂

Muchas felicidades y enhorabuenas, Ana y Rafa.

fotografía ? semana 44 de 52 ? jam session

jam session

Unos minutos con Juan, hablando de música y fotografía, derivó en una improvisada sesión de fotos en su salón de Badajoz. La luz, poca, entraba por una rendija de las cortinas y en el aire había esa electricidad previa a las tormentas. ÿl pulsaba cuerdas y yo botones.

fotografía – semana 33 de 52 – #spanishrevolution

Democracia Real Ya! #15M

Hoy se votan las elecciones más controvertidas que soy capaz de recordar, marcadas a fuego por la #spanishrevolution, la revolución pacífica de los indignados. Demasiadas cosas para decir, demasiada rabia acumulada, demasiada bilis. Sólo puedo decir, sin romper nada, que me alegro de haber estado aquí, de haber visto y sentido todo esto, de haberlo vivido.

porque una casa sin tí es una embajada

¿Hace falta decir más? Estuvimos allí, dando botes y cantando todas las canciones a gritos («se las sabe todas», le escuché decir a una chica que estaba detrás mío mientras me señalaba). eme, que nunca había estado en un concierto de un grande, se lo pasó en grande, valga la redundancia. Y el tío Sabina cumplió, como suele.

Concierto de Joaquín Sabina en Badajoz
Concierto de Joaquín Sabina en Badajoz

Bromas, referencias a Extremadura y a Badajoz, una pequeña disertación sobre porqué había pasado cuatro años sin escribir canciones («porque era feliz», aclaró) y se metió a las diez mil personas en el bolsillo con tres canciones. «Siempre toca clásicos, son lo que esperamos y lo sabe», le comenté a eme, crecido porque se estaban cumpliendo mis predicciones. «Pues que tome nota: la del pirata cojo, y nos dieron las diez, pastillas para no soñar…» Y, como no, le hizo caso. Eso sí, de mis peticiones no se acordó nadie. A los que llevamos viendo sus directos desde el 86, no nos hacen caso, por viejos, imagino.

Nos saltamos la cola que llegaba a la mitad de la avenida Pardaleras (si, fuimos nosotros, ¿qué pasa?), acertamos con los asientos frente al escenario, a media altura y no llovió durante todo el concierto. ¿Se puede pedir más? Hasta las cuatro señoras que teníamos sentadas delante, entre sesenta y setenta años, bocata tamaño flauta travesera diez minutos antes del comienzo del espectáculo, peinado a lo Margaret Thatcher, saltaron como resortes con los primeros compases de 19 días y 500 noches. «Es un momento, para estirar las piernas», dijeron. Pidieron perdón por primera y última vez. Luego la confianza obró su milagro y no volvieron a sentarse.

Al final, seguimos a la marea de gente hasta la salida y, volvimos a nuestro piso de acogida (¡gracias Pedro!), comentando el concierto, las canciones, la gente y hasta a las señoras con el peinado a lo Thatcher. Grandioso.