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fotografía – coloreando fotos en blanco y negro

Soy un inútil con el procesado de las fotos, un verdadero paquete. Me imagino que, en mi persona, se dan las dos peores cualidades para la fotografía digital: una ausencia completa de buen gusto y la más absoluta de las vagancias. Pero hay ciertas fotos que piden más, que te exigen un esfuerzo extra para exprimirles, de verdad, toda la esencia. Así que, cuatro tutoriales después, aquí dejo algunos de los resultados.

baile a colores

novio con ramo rojo

paraguas

ron sin hielo y fútbol

Por poco aficionado que sea uno al fútbol, la de noche era una de esas ocasiones en que el cuerpo sólo te pide dos cosas: una tele y un puñado de amigos con quien disfrutar de un partido memorable. Y así lo hicimos. Llenamos la casa de comida rápida (de comer y de hacer), chucherías y cerveza para, símplemente, sentarnos frente a la televisión.

Hubo momentos memorables, al más puro estilo de The IT Crowd, con cris intentando aplicar sus conocimientos futbolísticos, aprendidos unas horas antes o los cagamentos generalizados dedicados al señor productor de Antena 3 que se dedico a fastidiar la retransmisión con sus ideas de bombero.

Al final, contentos como estábamos, decidimos brindar por la Victoria, así con mayúsculas, del Barça, con un trago de ron nicaragüense de doce años. Ni el mismo Gabino había imaginado mejor ocasión para descorchar el regalo que nos trajo de tan lejos. Y así, brindando con dos dedos ron sin hielo, homenajeamos al campeón.

cada verso es un jirón de piel

Tengo dos primos carnales, dos personas que, junto con el hermanín hemos ido trenzando todas nuestras vidas. Son las otras caras que siempre están junto a la mía en las fotos de vacaciones, en la playa o dando tumbos por el monte. Aunque sólo les saco dos, seis y ocho años, uno los recuerda rubios (los tres eran rubios de pequeños, excepto yo), pequeños y preguntones. Alberto, el primo mayor, tenía la costumbre de vaciar los armarios de casa y de quedarse con los juguetes, si el juego no iba como a él le apetecía. Carlos, el pequeño, gustaba de jugar durante horas al fútbol después de haber comido un cocido de güelita.

La cuestión es que el pasado fin de semana nos hemos vuelto a juntar los cuatro, en la boda de Alberto. Al final, es todo cuestión de estadísticas: los cuatro tenemos pareja; dos estamos fuera de Asturias; dos ya están casados; dos estamos viviendo en pecado; uno ya es papá; ninguno es rubio.

¿Qué decir del evento? Que llovió durante todo el día pero apenas importó. Que lo pasamos como la ocasión merecía, como los indios. Que se comió muy bien, se bebió demasiado y se volvió a comer. Durante la boda, el novio sorprendió a todos sacando uno de esos DVD con una recopilación de fotos, que tanto se ven últimamente en este tipo de saraos. ÿl mismo se había encargado de hacerlo, buscando fotos, escaneándolas y pegándose con el ordenador hasta la noche anterior para poder llegar a tiempo. Pero le mereció la pena el esfuerzo porque, en sólo seis o siete minutos consiguió que la práctica totalidad de los asistentes estuviesen llorando a moco tendido. De hecho, sigo pensando que los últimos minutos no los visionó la gran mayoría. Su porcentaje de acierto, en cualquier caso, fue tremendo.

A estas alturas, los recién casados deben estar en Las Vegas, segunda parada de cuatro por las dos costas de los estados juntitos, apostándose los trajes de novios a la ruleta. Los demás hemos vuelto a nuestras respectivas rutinas e, incluso, alguno se ha pasado varias horas procesando las innumerables fotografías del evento. Para muestra, un botón…

movimiento a contraluz

piernas, zapatos, vestido de novia

novia

rat pack

Algunas fotos más en este set de flickr.

PD: el título de esta entrada corresponde con unos versos de una canción de Víctor Manuel, que sonaba de fondo mientras se veían sus fotos en el DVD. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba y ayer, mientras procesaba fotos, me atacó la morriña y me puse todo lo que pillé del mierense. Canela fina, oiga.

acércate más…

Después de estar un par de meses (o quizá tres) tocando las narices con el tema, la semana pasada me lancé y me compré un teleobjetivo para la cámara de fotos. El aparato en cuestión es un Tamron 70-300, con el nombre en clave AF70-300mm F/4-5.6 Di LD Macro pero que, debido a mi facilidad para recordar números y letras, será apodado el gordo.

tamron 70-300

Este fin de semana largo, aprovechando que en el pueblo de eme hacían una fiesta para guardar a la virgen en una iglesia, me dejé tentar por la idea de una excursión fotográfica y nos fuimos para allá. El domingo, el día de autos, nos despertaron los truenos y la tormenta a eso de las seis y pico de la mañana que anunciaban que la mitad de la excursión ocurría bajo la lluvia. Así fue, de hecho, pero ya metidos en harina unas cuantas gotas no nos iban a hacer retroceder y, con todo, salimos a caminar.

El trayecto comienza en el pueblo de eme y transcurre por la dehesa que hay hasta el siguiente pueblo, entre carreteras nacionales y comarcales. A partir de ahí, se toma una carretera secundaria que va hasta la iglesia, donde se hace una fiesta con comida y bebida.

El objetivo nuevo, el gordo, supone un cambio muy grande en mi forma de sacar fotografías, sobre todo en la manera de preparar la foto, porque me cambia las distancias que ya tenía asumidas. A partir de ahora, con este trasto, las cosas se ven más cerca y no hay que acercarse al objetivo, con lo que se gana en frescura y en procesado de la imagen.